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El colectivo médico lamenta la muerte de José María del Pozo

jueves 25 de septiembre de 2014, 13:47h
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La medicina balear está de luto. El fallecimiento del Dr. José María del Pozo pone en nuestro recuerdo la figura de un médico entrañable, humano,  excelente compañero y gran profesional.

El Dr. García del Pozo realizó su labor principal en el Hospital Son Dureta. Su actividad asistencial fue integral. Se iniciaba de buena mañana en la planta de hospitalización de cardiología, para continuar en los gabinetes de pruebas funcionales. Junto a un completo  equipo profesional, supervisaba y evaluaba las ergometrías y los estudios de holter cardiaco. Continuaba su labor en régimen ambulatorio a nivel de consultas externas. En las primeras etapas de su ejercicio profesional también desarrolló su actividad, en la primera línea asistencial, en las urgencias médicas.

Se puede afirmar que alargó la vida de miles de ciudadanos durante decenas de años. Fue uno de los pioneros en la introducción de los marcapasos en Baleares. Durante muchos años se dedicó a la implantación de cardioestimuladores evitando la más que segura muerte súbita eléctrica de muchos pacientes.

El Dr. del Pozo, como le conocíamos, es la memoria viva de un gran médico, de un gran servidor público y de una gran persona. Los que tuvimos la suerte de tratarlo, de compartir largas horas de trabajo, de  aprender de sus vastos conocimientos, nos impregnamos de su profunda humanidad y ésta nos ha marcado y acompañado toda la vida. En mayor o menor medida miles de médicos le debemos gran parte de lo que sabemos. Le vamos a echar de menos.

Discreto, optimista, sencillo, ha sido un gigante en una profesión en plena transformación. Vivió los inicios de los hospitales del Sistema Nacional de Salud en pleno siglo XX, en el momento en el que se ha establecieron las bases del sistema sanitario actual, en la época de la modernización de la medicina, la jerarquización de los servicios y en el espacio de tiempo en el que se desarrolló la cardiología tal como la conocemos.

Junto a sus doctos conocimientos, fue un maestro de las actitudes, un verdadero catedrático de la medicina humanista.

Dejó su Valladolid natal para instalarse en lo que fue su tierra de acogida. Balear de adopción y gran amante de nuestra tierra nunca dejó de ser un castellano de origen, mallorquín de inquietudes y ciudadano del mundo.
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