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La desaparición de MUFACE

Por María Luz García
martes 07 de diciembre de 2010, 17:38h
El Gobierno sigue dando palos de ciego. Ahogado por la situación económica ha optado por el efectismo y ha anunciado la desaparición de MUFACE, la Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado, para todos los que, a partir de enero, se integren en la Administración Pública. Y ya está. No ha explicado cuál es el supuesto ahorro que se va a conseguir, máxime teniendo en cuenta que la asistencia sanitaria que se presta a través de esta entidad es mucho más barata que la que se recibe a través de la Seguridad Social; tampoco ha explicado cómo va a afectar la medida a los seguros sanitarios y a los centros privados, que, no lo olvidemos, dan trabajo a miles de personas, que pueden ver comprometido su futuro y pasar a engrosar las listas del paro; tampoco ha dicho que los funcionarios jubilados pagan un 30% de los medicamentos que consumen; tampoco ha informado sobre el futuro de otras dos mutualidades, las de las Fuerzas Armadas (ISFAS) y la del sistema judicial (MUGEJU) y tampoco ha sido capaz de argumentar cómo va a resolver el problema que se va a crear en el sistema público de salud. El presidente del Gobierno no ha explicado que si todos los funcionarios, los nuevos y los que actualmente están adscritos a MUFACE, deciden marcharse a la Seguridad Social, ante la incapacidad de las aseguradoras de hacer frente a la situación, será necesario contratar más personal para atender la nueva demanda, habilitar nuevos espacios y disponer de más infraestructuras, porque, en caso contrario, el colapso es inevitable, tanto en los centros de salud como en los hospitales, mientras que el aumento de las listas de espera puede alcanzar tales dimensiones que le estallará en la cara la ministra de Sanidad y a los consejeros autonómicos. Pero, el señor Rodríguez Zapatero sigue en su mundo, anuncia medidas y no asume el alcance de las mismas, porque en un par de años ha conseguido demonizar a los funcionarios, convertirles en el enemigo público número uno, despojarles de sus derechos, mermar su poder adquisitivo y, encima, presentarles como unos privilegiados.
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