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Un tranvía llamado deseo

martes 21 de diciembre de 2010, 20:32h
No basta con el ejemplo de docenas de ciudades europeas que han recuperado el tranvía como medio de transporte por tener infraestructuras más baratas que el metro, ser menos contaminante que el autobús, descongestionar el tráfico, o  por ser cómodo, seguro y menos contaminante. Tampoco basta con el ejemplo de docenas de ciudades que han desechado esta forma de transporte colectivo por la rigidez del sistema de rieles que, además de ocupar un espacio fijo en la calzada impide eludir situaciones imprevistas, o por suponer  un elemento antiestético en determinados frente monumentales. La elección del sistema, una vez analizados en profundidad ventajas e inconvenientes en un contexto como el de las Avenidas, el Paseo Marítimo o la fachada al mar desde el aeropuerto a Palma, es, aparte de económica, una decisión política. Pero tampoco basta porque estas obras de envergadura y de futuro tienen que tener el consenso de quienes tienen capacidad de decidir ahora y de quienes lo harán en el futuro. Ya no puede ningún gobierno dejar herencias envenenadas, aunque esté convencido de que el próximo gobierno, aunque no sea del mismo color, probablemente actuaría en el mismo sentido. El Metro, Son Espases, El Palacio de Congresos y su entorno, el Palma Arena… no son obras de consenso, pero están ahí y ningún gobierno responsable los desmantelaría. Con los proyectos de trascendencia hay que amarrarse los machos y las complicidades. No basta con el deseo.
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