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¿Alguien tiene un plan para el Palacio de Congresos?

miércoles 22 de diciembre de 2010, 09:47h
Parece que después de haber hecho un metro que se inunda, un tren que no circula porque se caen los muros de protección, una pista ciclista que no nos quieren homologar, ahora vamos hacer otro desastre en el Palacio de Congresos de Palma. En realidad, el problema del Palacio no parece tan serio como los anteriores, pero genera muchas dudas entre los ciudadanos y ya comienza a necesitar financiación extraordinaria. Las dudas y los errores empiezan a ser frecuentes: en primer lugar, porque el palacio llega cuando ya toda España está saturada de este tipo de recintos; segundo, porque hay algunos promotores privados que están legítimamente incómodos con este proyecto porque ellos llevan años actuando en el mercado de los congresos y ahora se encuentran con que, con el dinero de todos, se les crea una competencia de dudosa viabilidad; tercero, porque más y más ciudadanos dudan de la oportunidad del proyecto en el lugar en el que se está haciendo. Y, sobre todo, el gran problema del palacio de Congresos no nato es que hoy por hoy parece ser un proyecto sin rumbo, sin plan, sin norte. ¿Hay alguien al frente del proyecto? Pues sí, una empresa pública en la que los partidos políticos han puesto a alguno de sus afiliados para que tengan algo que justifique su sueldo. Pero no se conoce a nadie experto, entendido en estos asuntos. De hecho, para absurdo, el Palacio ya ha gastado un dineral en publicidad en medios de comunicación, incluso en las puertas de los taxis, cuando aún no hay fecha para su apertura. Hace ya años que lo presentamos en las ferias internacionales del turismo, pese a que sólo eran planos, una idea, humo. El desastre se agrava porque ahora estamos recogiendo dinero a ver si logramos acabarlo, aunque más bien da la impresión de que lo que se pretende es que las obras se mantengan hasta pasadas las elecciones y evitar el espectáculo de que también este edificio quede abandonado. Pero lo más importante es qué vamos a hacer con este recinto, qué plan de negocio tiene, dónde están los profesionales que lo van a liderar, cómo vamos a competir. En estos momentos no vale la pena contestar a estas preguntas: mantengamos las obras hasta después de las elecciones, y con un nuevo gobierno, aunque sea de los mismos partidos, hay que presentar un modelo de gestión, un plan comercial, una estrategia. Y, por supuesto, si se pudiera externalizar, tanto mejor. Si no, ya lo verán, acabaremos teniendo tantos empleados que al final serán ellos los usuarios del palacio para sus asambleas.
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