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La empresa más cara del mundo

lunes 17 de enero de 2011, 18:09h
Mientras usted y yo seguimos hablando con nuestros amigos a través de Facebook, ahí fuera alguien está vendiendo nuestros datos, nuestra intimidad, las enormes expectativas de hacer negocio con nosotros, con usted y conmigo. En realidad, es lo único que los expertos creen que puede justificar el precio absolutamente desproporcionado que el banco Goldman Sachs y un inversor ruso han pagado por una participación mínima en esta empresa tecnológica americana que está desbancando a Google. Veamos los datos: Goldman Sachs, uno de esos bancos poderosísimos que ha salido incluso reforzado de la última crisis, acaba de comprar una participación mínima en Facebook que supone valorar el conjunto de la empresa en 50 mil millones de dólares. Esto es, por ejemplo, 17 veces el presupuesto del Govern o lo que cuesta toda la red de trenes de alta velocidad española. Un valor superior al de Boeing, Kraft, Mitsubishi o, incluso, el propio banco Credit Suisse. Sin embargo, Facebook apenas factura dos mil millones de dólares al año y, por supuesto, tiene unos beneficios ridículos por el valor que se le atribuye y hasta en comparación con empresas minúsculas. Entonces, como es natural, usted y yo -y no digamos los analistas- tenemos derecho a preguntarnos qué es lo que se está pagando a estos precios tan descomunales. Por qué, por ejemplo, nadie está pagando esto por Google, otro valor reconocido en el mundo de la tecnología ni tampoco por Yahoo. Algunos expertos aceptan que esta valoración de Facebook puede corresponderse con otra burbuja de las tecnológicas, como ya sucediera en el 2000, cuando se produjo una caída masiva de numerosas empresas de este sector, claramente sobrevaloradas. Pero, en cambio, otros piensan que si se está pagando esta barbaridad es porque Facebook tiene algo que vale esto y más: los datos personales de sus usuarios, lo que nos han prometido un millón de veces que jamás venderían a nadie ni utilizarían sin nuestro consentimiento. Scott Kessler, un analista en tecnologías de Standard & Poor, en Nueva York, indica que esta valoración es desproporcionada para una compañía que es poco conocida (ni siquiera está en Bolsa, por lo que no se tiene la certeza sobre sus datos reales). Pero, puestos a aventurar qué tiene Facebook, Kessler dice que posiblemente la publicidad es la clave. En efecto, Facebook es lo máximo a lo que pueden aspirar las grandes corporaciones empresariales del mundo. Facebook es su nirvana, es su locura, es todo. Facebook tiene los datos personales, las preferencias, los hábitos y los gustos de más de 500 millones de usuarios. Esta es una mina de información jamás disponible, jamás imaginada, jamás puesta toda junta en un único ordenador. Sólo hay un pero y es que Facebook ha dicho un millón de veces que no va a desvelar los datos de los usuarios. Pero es un obstáculo que tal vez pueda saltarse. Internet fue la plataforma del futuro pero hoy el futuro son las redes sociales, las que tienen los datos personales, las que nos desvelan los gustos, las preferencias. Además, la actitud de la gente hacia Facebook ha ido cambiando. Si hace unos años no podía hacer un anuncio porque el usuario protestaba y se tuvo que enfrentar a un problema de resistencia a la publicidad, eso hoy va disminuyendo y ahora se emplean técnicas muy sofisticadas para llegar al usuario de la red, de forma que la publicidad funciona. Pero la publicidad directa en la red social. Sin embargo, saber a cuántos y qué usuarios les gusta viajar a un lugar determinado, o les gusta comprar una música concreta, o tienen predilección por una colonia o por un tipo de ropa, es oro para cualquier empresa comercial. La cuestión es que se considera que Facebook en realidad aún no ha comenzado a desarrollarse verdaderamente. Por ejemplo, las posibilidades vía teléfono móvil están prácticamente sin explorar, salvo, tal vez, en Corea. En España casi nadie aún accede a la red desde los móviles. Y el iPad aún está en sus fases iniciales. Y, encima, hay negocios a desarrollar directamente on-line. Por ejemplo, los créditos Facebook. Usted podría comprar, pagando con su tarjeta, dinero a Facebook, para comprar dentro de la red, sólo a los proveedores que estén allí, que lógicamente deberían ofrecer precios preferentes por estar en una red de esta importancia. ¿Tendrá éxito esta fórmula? Hoy estos créditos se están usando fundamentalmente para el juego, pero las posibilidades son muy importantes fuera de este terreno. Podríamos, incluso, ver, dicen algunos expertos, que Facebook se convierta en un banco al detalle. Usted compra on-line, pero paga a final de mes, como ya hace hoy con las tarjetas de crédito. En todo caso, algunos expertos no dejan de recordar que los cementerios de la tecnología están llenos de casos como el de Facebook. Por ejemplo, MySpace, que en 2006 era una promesa sin límites, hoy lucha para sobrevivir. Y Bebo es otro ejemplo, similar. Y, en el caso de Facebook, siempre queda sortear la cuestión de la privacidad que tal vez pueda salvarse, pero no será sin que la empresa pague un precio por ello. Y, por encima de todo, parece que existe la tendencia en el mundo de la informática de hacer que David siempre gane a Goliat. Ahí están los Goliats IBM, Netscape, Microsoft y ahora puede que, incluso, Google. Mientras usted sigue poniendo sus datos en Facebook, ahí fuera alguien está vendiendo su privacidad, a cuenta de un negocio que ya veremos si llega a producirse.
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