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Merkel nos somete a examen

jueves 03 de febrero de 2011, 13:03h
España va a vivir hoy, jueves, algo que tiene muy pocos precedentes: la canciller alemana y seis de sus ministros vendrán a Madrid a investigar cuál es el verdadero estado de nuestra economía y, sobre todo, de nuestras finanzas públicas. Sin precedentes. Un país soberano siendo examinado por otro país que, desde luego, nos domina completamente en lo económico. Una conservadora a la que los españoles no votamos va a pasar control de un gobierno socialista que, pensábamos, sólo debía rendirnos cuentas a los ciudadanos. Un espectáculo que debería afectar a la dignidad de país. Algo que jamás sucedería en otros lugares porque simplemente no es concebible. Existen razones, por supuesto, que explican esta humillación: España es un país muy importante en Europa y su quiebra podría llevarse por delante al euro y dejar a Alemania contra las cuerdas. Por eso, Alemania no se puede permitir el lujo de mirar nuestras cifras en la distancia. Viene, nos pide los papeles, y nos exige. Espero que no lleguemos al extremo de que la cancillera le levante la voz a Zapatero y menos en alemán. Lo nunca imaginado. Pero hay razones para todo esto, bastante más serias que la ofensa de Zapatero cuando, tras las elecciones en las que Merkel accedió al gobierno, dijo este que no llegaría lejos. Las razones son nuestras cuentas públicas: España pasó de tener un déficit en sus cuentas públicas que era prácticamente cero (durante los últimos tiempos de gestión del ministro Rato y durante casi todo el mandato de Solbes), a superar el 12 por ciento del Producto Bruto Interno. Este fortísimo incremento del déficit tiene dos motivos: una caída de los ingresos que se justifica por la crisis económica pero, también, por una ausencia de gestión en los gastos. Los gastos españoles han sido alocados, por los siguientes motivos: aquí nadie ha controlado la gestión de las autonomías, que tienen una capacidad de gasto anual de 170 mil millones de euros; aquí no se ha puesto orden en la dimensión del sector público, que supera los tres millones de funcionarios; nos lanzamos a un plan E, de inversiones en aceras y jardines que obedece a la peregrina idea de que así vamos a crear empleo y, finalmente, hemos dejado de legislar en cuestiones clave como ordenar las pensiones, un problema más bien a medio y largo plazo, contratación laboral, o liberalización de varios sectores, que eran básicas para propiciar la agilidad del mercado. Merkel viene a España a hacernos las cuentas porque España no puede caer. Si España cae, cae el euro y dejará a Alemania en crisis por mucho tiempo. Hoy, a diferencia de lo que pasaba hace sólo seis meses, el horizonte es mejor. Zapatero, desdiciéndose de todos sus principios, ha empezado a obedecer las órdenes de Europa y Estados Unidos y hoy la crisis se está disipando. Pero Merkel necesita comprobar que no le están mintiendo, que esto no es como Grecia, donde se había falsificado hasta el último número. España ha tenido que aceptar, una a una, las órdenes de la Unión Europea, ha tenido que modificar todos sus postulados, ha tenido que ver cómo ahora nos exigen que los Presupuestos vayan primero a Bruselas a que nos los aprueben para que después se puedan aprobar en las Cortes, ha visto cómo nos han dictado qué hacer con las cajas. Todo, a cambio del apoyo inquebrantable. Ayer la prensa española publicaba entrevistas con Merkel en las que era inequívoca: no hay un problema del euro, hay países que no han cumplido. Por lo tanto, y esto no lo decía, vamos a ver si cumplen seriamente lo que exigimos.
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