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De políticos y periodistas

martes 05 de julio de 2011, 09:59h
Empezaré por dejar claro que, en el ejercicio de su libertad, todo el mundo, también los periodistas, tienen derecho a pertenecer al partido político que deseen. Y tienen derecho a, con las ideas que prefieran, ocupar cualquier cargo en cualquier ámbito social o institucional. ¡Faltaría más! Dejado claro este punto, a mí me parece que la función de jefe de prensa, de encargado de comunicación, demanda de alguien que, teniendo sus ideas, no se vea formal y abiertamente comprometido con un partido político, con su militancia, con su adscripción, con la subjetividad que habitualmente conlleva militar, seguir una ideología. La eficacia de quien no obedece a una disciplina interna es mayor simplemente porque su credibilidad es mayor, porque su criterio es más fiable, más centrado, menos sometido a la siempre apasionada visión de un partido, en el fondo una tribu que divide el mundo entre unos y otros. El partido suele tender a valorar lo propio como perfecto y lo ajeno como erróneo, más allá de la realidad y de la verdad. La independencia, que no deslealtad, debería ser un plus y no un obstáculo para valorar el trabajo de un periodista. El puente de un ingeniero no varía en función de la ideología de su autor, pero las estrategias de comunicación que parten de considerar que los medios de comunicación son enemigos (porque se resisten a ser controlados), que la verdad está en un lado del espectro y que todo lo ajeno está irremisiblemente fuera del mundo, son garantía de fracaso. Hoy, a la vista de los acontecimientos, da la impresión de que los partidos tienen claro que cada vez desean menos periodistas y más hombres de partido, militantes, activistas, que piensen en términos de votos, de elecciones, de “los nuestros” y “los otros”. Parece que ese es el principio que mueve al Partido Popular que acaba de llegar a las instituciones y que, salvo algunas excepciones, da a entender que no va a aceptar profesionales no comprometidos con sus siglas, incluso hasta teniendo que reunirse en la sede del partido para dirimir el trabajo diario. Y parece que eso es lo que plantea ahora el PSOE, que ha incorporado a su estructura a cuatro de los periodistas más empapados en socialismo partidista durante los cuatro años en las instituciones. Desde luego, tienen derecho a montar la estructura como quieran, pero con el carnet en los dientes no es como mejor se convence a un periodista de los medios sobre cómo hacer las cosas; no es la mejor forma para tener análisis imparcial y sí lo más adecuado para difundir el sectarismo y, al final, fracasar.
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