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Pancista a bordo

martes 19 de julio de 2011, 16:14h
Si a un tío se le dice pancista, no creas que es por la panza. El pancismo en una forma camaleónica de adaptación al medio que más le conviene a quien practica tal sistema  de medro social. Ahí lo tienes al otrora elegante ejecutivo, comisionista deportivo entre otras actividades, todopoderoso presidente del Barça reclicado a pulso estratégico para la política independentista. Tiene Laporta una imagen de traca que no necesita muchos análisis para definirlo. Basta con echarle una mirada, pero si algún invidente entra la noticia, habrá que describir brevemente lo que sus ojos no pueden percibir: barriga rebolonda de buen bebedor y mejor tragón, peludo, escanciando cava etiqueta roja en copa fina, puro en la comisura de los labios (parte izquierda), bañador blanquiazul de rayas, pelo cuasi engominado, y todo eso en la cubierta de una yate y en Ibiza. Qué estampa. Es la de un alcalde de vieja escuela, de un promotor de obras, de un empresario de tortillería de norte, de un obispo preconciliar en canzoncillo, de un cocinero de menú de polígono…qué sé yo, pero no la de un expresidente de un club como el Barça. Con lo bien que daba en las fotos y en la tele cuando se mordía las uñas en el palco, con lo pinturero que aparecía en actos y fiestas, con lo que le admiraban los culés. Y mira lo que es ahora: el signo del éxito en forma de barrigón. Qué se le va a hacer. Es lo que pasa cuando no se puede digerir bien esa mezcla explosiva de fútbol, política y negocios, que el estómago se resiente, los músculos se destensan y aparece la curva cóncava del tragón.  Quizá la consecuencia del pancismo llevado con dejadez. El Barça no se merece este apunte en su historia.
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