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El recontrapago

Por Nieves de Meer (*)
domingo 31 de julio de 2011, 13:51h
Estoy harta de oír la palabra copago porque se refiere a los mismos de siempre: los que pagamos. Si bien todos sabemos que la Sanidad Pública es insostenible, creo que antes de hacer pagar a los ciudadanos por acudir a los servicios sanitarios, hay otras opciones bastante más justas. Dudo que ningún país civilizado cuente con la bolsa de fraude y de abuso que tenemos en España. Los que trabajamos en esto sabemos perfectamente por donde se va el dinero y quienes son los que tienen totalmente colapsado el Sistema. Es una pena que no se molesten en preguntarnos. Detectarlo es muy fácil. Lo que se necesita es un sistema ágil para comunicarlo. Cada vez que abro una historia clínica y me encuentro con citas a las que el paciente no se ha presentado y ni siquiera ha tenido el detalle de avisar, se me revuelven las tripas. Hay veces que son tres citas seguidas, y luego acaba viniendo a urgencias a contar que tiene un problema desde hace seis meses. Esa es la razón, y no otra, de que la lista de espera esté como está. Mientras tanto hay gente civilizada que no consigue que le den hora hasta dentro de tres meses. Cada vez que tengo que acudir a un domicilio sin ningún tipo de justificación, véase discusiones familiares, falsos intentos de suicidio repetidos, ganas de llamar la atención o pereza por acercarse al centro de salud, y me encuentro allí a la Policía y a los Bomberos, me pongo enferma pensando el dineral que cuesta movilizar a todas las fuerzas vivas, y, lo que es peo, que mientras tanto no estamos donde realmente tendríamos que estar. Cada vez que atiendo a alguien que tiene en su casa una medicación que cuesta un ojo de la cara y no se la toma porque no le da la gana, y luego viene a urgencias porque se encuentra mal, o se quita una escayola porque le molesta para ir de juerga, y al día siguiente quiere que se la vuelvan a poner, me entra urticaria. Hay otros que consultan hasta cuatro veces el mismo día por el mismo problema, generalmente un problema banal. Cada vez que un ciudadano comunitario viene a buscar recetas gratis para una temporada, porque en su país las tiene que pagar, o consigue que le operemos durante sus vacaciones, mientras aquí tenemos a un montón de gente esperando, se me abren las carnes. Y ya, cuando compruebo que alguien, generalmente extracomunitario, está utilizando la tarjeta de otro, y que no me puedo creer nada de esa historia clínica porque es un popurrí de las de varios usuarios que, no sólo no han cotizado en su vida, sino que ni siquiera se molestan en censarse, me dan ganas de tirar la bata por la ventana y que la recoja el que quiera. Todas estas actitudes son, casi siempre, reincidentes. Son siempre los mismos, casi siempre conocidos, y gozan de total impunidad, y son los culpables de que los ciudadanos normales no puedan disfrutar de la sanidad que se merecen. Lo cierto es que no hay derecho a que, encima de que todo esto lo estamos pagando entre todos, -yo, además de pagarlo, lo sufro- y forma parte del día a día, haya que cargar las tintas siempre sobre los mismos, para que además, tengan que retratarse cada vez que nos necesitan. Si cada vez que aparcas mal, te ponen una multa ¿por qué no se la ponen a toda esta gente? ¿Por qué no castigamos a los que se portan mal en lugar de castigar a los que se portan bien? ¿Por qué tienen que pagar justos por pecadores? (*) Médico de Urgencias
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