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Sa Pobla regula libertades fundamentales

lunes 12 de septiembre de 2011, 09:24h
Personalmente estoy en contra del velo islámico, pero no en contra de su uso. Es decir: me parece mal, creo que no lo usaría nunca, que no lo recomendaría, pero a mi entender es un tema que pertenece estrictamente al ámbito personal. Yo no lo usaría, como tampoco jamás me teñiría el pelo, ni usaría peluca, ni me haría la cirugía estética (y no es que falten motivos). Pero no veo razón para que quien lo quiera emplear, por decisión propia, lo emplee. Porque si es el resultado de una decisión libre, ¿quién puede decir nada? ¿O no hemos luchado en Occidente por la libertad, porque cada uno pueda optar por lo que considere conveniente? Otra cosa mucho más seria, contra la que el poder público debería actuar, pese a las tremendas dificultades, es la imposición del velo, la humillación de la mujer -o del hombre, que tanto da- imponiéndole conductas, obligándola a no salir de casa, prohibiéndole hacer lo que le plazca. Pero eso no es sólo un tema de velo. Se puede obligar a alguien a hacer una u otra cosa, humillarlo, destruirle su personalidad, sin que el afectado tenga que llevar el velo. Y, al reves, aunque no sea frecuente, es perfectamente posible usar el velo y tener las ideas claras, no ser humillada y no dejarse imponer nada. Por lo tanto, yo creo que hay que separar los conceptos: una cosa es el velo, como el maquillaje gótico y el teñido del pelo, las gafas de sol, las pelucas, la cirugía estética, el turbante sikh o el kipa judío y otro, a veces paralelo, a veces separado, el dominio de unas personas sobre otras, la imposición de conductas, la falta de respeto a la libertad ajena. Dicho esto, que es mi postura, por mucho que sea un tema discutible, lo que es absolutamente de traca es que se deje que sean los ayuntamientos quienes regulen este tema. Esto sí que a mí me parece de chiste. Primero porque un tema de este calado, que afecta a cuestiones como las libertades, no puede ser competencia de un alcalde ni de un pleno, y segundo porque como es evidente, se crean situaciones hasta divertidas. ¿Se imaginan que alguien con velo va de Palma a Alcúdia en coche por la autopista? Pues cerca del puente del torrent de Sant Miquel debería destaparse, para volver a cubrirse pasada la rotonda de Pollença. No digamos si estas prácticas se extendieran a otros municipios. Simplemente propio de un país de pandereta.  
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