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El escándalo del PER revela la cerrazón de sus defensores

martes 11 de octubre de 2011, 09:15h
Terremoto político: Durán Lleida dijo que el Plan de Empleo Rural andaluz y extremeño es dinero tirado en que la gente no trabaje. ¡¡¡Horror, este hombre se ha vuelto loco!!! Todo un ataque contra el pueblo y la dignidad andaluzas. Xenófobo, dijo Manuel Chaves, el expresidente andaluz. “Intenta enfrentar a los pueblos de España”, señaló Elena Valenciano, a ver si logra algún voto perdido en el marasmo. Pues miren: Durán Lleida sólo ha dicho verdades como puños, de las que los políticos reconocen en privado sin pestañear. El Plan de Empleo Rural (el famoso PER) es una vergüenza desde su concepción. No es posible que llevemos más de 25 años pagando salarios a cambio de nada, si se han hecho cuatro peonadas mal contadas. Si esto pudo haber llegado a tener sentido en un momento determinado, en una crisis, que lo dudo, mantenerlo durante décadas es una prueba de que se ha convertido en una droga, un anestésico, en una forma de dilapidar el dinero. Es la prueba de que España está trabajando para crear vagos. Ahora bien, como somos como somos, Convergència no está exenta de responsabilidad en este asunto. No es que los catalanes hayan creado el modelo, nos son quienes lo mantienen, no lo sostienen, pero tienen algo de culpa, aunque sea marginalmente: cada vez que CiU se convierte en la bisagra de la que depende la gobernabilidad de España, cada vez que el Gobierno de Madrid se postra a sus pies a satisfacer sus deseos a cambio de votos, la gente de Durán Lleida lejos de pedir que se acabe con este abuso, solicita para Cataluña que le financien el Forum, que se disuelvan los gobiernos civiles, que les paguen la policía autonómica, que les cedan la gestión de los ríos, que les cedan los aeropuertos, y así una interminable lista. No piden subvenciones, pero para el caso, ignorando ostentosamente los derechos del resto del país, hacen lo mismo, ponen la cuchara a ver qué se llevan. Mientras España aguantaba, todos pedían su parte y había para todos, como sucedía con Canarias, con las deudas históricas de Galicia, con el proyecto cultural de Cantabria o con la Expo de Zaragoza. Ahora se ha acabado y debería tocar hablar con más claridad y sentido de la responsabilidad. Por eso, Durán tiene razón: si ha llegado la hora de poner orden en este desbarajuste, también se habrá de acabar con el Plan de Empleo Rural, una vergüenza de las más destacadas, que ya es decir. Pero si la reacción a algo tan obvio y evidente es tan desaforada, mal vamos para arreglar los males de este país.  
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