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El exdelegado de Hacienda en Baleares reconoce haber recibido “presiones”

viernes 14 de octubre de 2011, 10:18h
Más de un año después de haber dejado el cargo por supuestamente voluntad propia el que fuera delegado de la Agencia Tributaria de Baleares, Raúl Burillo, ha reconocido que sufrió “presiones políticas” para que dejara de investigar algunos de los casos de corrupción destapados durante los últimos años, en alguno de los cuales están imputados el expresidente del Govern, Jaume Matas, y la expresidenta del Parlament Maria Antònia Munar. En concreto, Burillo relata en su blog personal, según publica El Mundo, que recibió amenazas del entorno directo de algunas de las personas sobre las que estaba investigando Hacienda aunque no cita ningún nombre. Dice que las llamadas  “se produjeron siempre de forma educada” aunque algunas presiones “han sido indignantes por las personas de quienes procedían, por lo que pretendían y sobre todo por quién era el presionado”. “La preocupación solía ser la misma: me trasladaban la de otra persona. Creo que siempre la misma. Por un motivo o por otro les preocupaba que se investigara a una persona concreta. Las presiones que debía plantearles esta persona debían ser muy fuertes porque no se sentían nada a gusto haciéndomelas llegar. Casi me sentía yo peor que ellos notando el mal rato que pasaban hablando conmigo”. El exdelegado de Hacienda clasifica en dos tipos las presiones. Las que provienen de aquellos que aplican “la teoría del miedo” creyendo que “los funcionarios tenemos el mismo miedo que tienen ellos: perder el cargo” y la del “que se cree más listo y poderoso que los demás. Simple y llanamente. Te dice lo que tienes que hacer convencido de que quien manda es él o ella. Esta es la explicación de la corrupción política; siempre hay alguien que piensa que es más listo  y poderoso que tú, o que tú eres más tonto que él, y al final harás lo que te digan”. Burillo asegura también que nunca ha recibido instrucciones sobre lo que debía investigar. “Instrucción ninguna. Nadie nos dijo lo que podíamos, o no, mirar. Absoluta libertad, siempre limitada al requerimiento judicial. Investigábamos lo que nos solicitaba el juez y con los límites, si los había, que marcaba su mandamiento”. Sobre su traslado a Zaragoza reconoce que lo había pedido hacia tiempo aunque no le dejaron quedarse para concluir sus pesquisas. “Son las reglas de mi empresa y no soy al único al que le afectaron”.    
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