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La prensa se hunde y con ella un requisito de la democracia

lunes 31 de octubre de 2011, 09:43h
Los medios de comunicación, particularmente la prensa, están en crisis. No hablamos sólo de la crisis que azota a toda España, la que ha paralizado el crédito y que ha sacudido el empleo sino que hablamos también de una crisis propia, derivada de la emergencia de Internet y que está provocando la modificación de los hábitos de lectura. Podríamos decir que la caída del 25 por ciento en la cifra de negocio de las emisoras de radio comercial en los últimos tres años sería como consecuencia de la crisis que padece el conjunto de la economía, pero la pérdida del 12 por ciento de difusión del diario La Vanguardia en el informe de difusión de este mes de septiembre se derivaría de esta revolución en los hábitos propios de los lectores. Dos crisis terribles al mismo tiempo. En Baleares probablemente deberíamos citar un tercer factor que agrava más aún la coyuntura de los medios de comunicación: la crisis financiera de las instituciones públicas. Aquí en las Islas las instituciones gastaban desmedida y desvergonzadamente en los medios de comunicación, lo cual ha sido seguido por un recorte tan grande que se puede decir que este capítulo de ingresos se ha secado casi del todo para la prensa. Así, pues, aquí en las Islas deberíamos contar además este agravante que, aunque absolutamente positivo en lo ético, profundiza el derrumbe del periodismo. Esta situación de la prensa es socialmente mucho más grave que lo que implica desde el punto de vista económico y laboral: los medios de comunicación tienen un papel de primera magnitud en una democracia, sin el cual esta queda coja. El que no conoce, no sabe, no está informado, elige sin fundamento, con los ojos cerrados. El liberalismo del que emana nuestro modelo político exige que existan unos profesionales que, representando a los ciudadanos, inquieran, informen, destapen. Sin ello, la democracia se convierte en un simulacro fallido. PAPEL TRASCENDENTAL Es frecuente criticar a los medios de comunicación por no cumplir su función. Ciertamente, no seré yo quien los defienda individualmente. Pero sí que hay matices a aportar: aunque muchos medios caen y retozan gozosos en las tentaciones del dinero y del poder, también o incluso sobre todo aquí en Baleares, en conjunto sí logran que la verdad siempre termine por aparecer. Es posible que uno, dos o cinco medios callen una verdad, pero siempre aparece alguien que rompe el silencio y nos lo destapa todo, incluso explicando el silencio de sus colegas. Aquí, gracias a la prensa, hemos sabido hasta cuántas cucharadas de azúcar se pusieron los interlocutores en la sobremesa de la comida en la que pactaron cualquier corrupción. En Baleares, gracias a los medios y paradójicamente burlando a los medios, hemos conocido la práctica totalidad de las sinvergonzonerías que han sucedido en los últimos 30 años, que no han sido pocas. Incluso nos han contado las propias corruptelas de la prensa con lujo de detalles, para su vergüenza colectiva. La prensa tiene un papel clave en la democracia, pero es un negocio; le pedimos culto a la verdad, pero vive de la publicidad. Ya en 1922, Walter Lippman decía en Estados Unidos que el periodismo es un prerequisito en un sistema democrático pero remarcaba esta contradicción muy seria: “Esperamos que un periódico nos ofrezca la verdad -decía- independientemente de lo rentable que sea la verdad. (…) Eticamente un periódico es juzgado como una iglesia o una escuela -añadía-, pero en la comparación hay que tener presente que la escuela la pagamos nosotros con nuestros impuestos”. Le pedimos a empresas de mercado, que se financian comercialmente como cualquier otra, que cumplan una función políticamente muy relevante, a cambio de nada. DEBATE EN OTROS PAÍSES, SILENCIO EN ESPAÑA Ahora, pues, nos enfrentamos a esta situación: crisis en la prensa, riesgo para la calidad de la democracia. Una cuestión absolutamente trascendental. En varios países del mundo, no precisamente Cuba o Corea del Norte, se han propuesto soluciones para poder ofrecer un servicio periodístico en Internet con calidad y con nivel. En Gran Bretaña ya hace una década que la BBC, con el dinero de todos, ha creado la primera web informativa más visitada del mundo. Pero en Estados Unidos, Alemania, Austria y Suiza hay quienes proponen actuaciones de este tipo para permitir la subsistencia del periodismo. En definitiva, intervencionismo para garantizar la pluralidad. En Eslovaquia la solución ha venido del sector privado. Mientras aquí en España los editores de prensa con la llegada de Internet tomaron la incomprensible decisión de ofrecer online gratuitamente el trabajo carísimo de su redacción, devaluando lo que en el quiosco está disponible previo pago, allí se pusieron de acuerdo en no dar nada gratis online, salvo mediante una suscripción de casi 5 euros mensuales, que da acceso a los nueve medios de comunicación que tiene el país. Aquí en España, sin embargo, asistimos al hundimiento del sector sin ninguna reflexión ni análisis, de lo que deduzco que la prensa hará mucho ruido, pero no me parece precisamente un poder fáctico. En Baleares, donde seguimos tirando 50 millones de euros anuales en los medios de comunicación públicos, nadie ha abierto un debate sobre qué supondrá este hundimiento de la prensa, la ausencia en los plenos de ese periodista que toma notas para contar a los ciudadanos lo que ha visto, la eliminación de ese inquisidor que en una rueda de prensa busca las contradicciones.
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