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El miedo a quedarnos en tierra, sin volar

lunes 30 de enero de 2012, 09:47h

Un director general del Govern aparece y dice que está preocupado porque el cierre de Spanair puede dejar desatendido el transporte aéreo con las islas. Otro partido solicita la comparecencia del conseller de Turismo para que explique las consecuencias del cierre de esta compañía. Otro, no sé de dónde, agradece que las compañías que continúan operando hayan aceptado transportar a los viajeros de Spanair, pagando entre 60 y 120 euros adicionales. Un periódico titula que Baleares lamenta perder el 20 por ciento de la oferta aérea.

Todos estos son, a mi entender, razonamientos absolutamente infantiles, inauditamente absurdos: ¿se piensan que un día nos vamos a encontrar con cientos de pasajeros en los aeropuertos sin que nadie los quiera trasladar? No existe el menor riesgo. Allí están las demás compañías, desde Air Nostrum a Iberia, desde Ryanair a Air Berlín, dispuestas a poner los aviones que haga falta para atender la demanda. Si hay demanda que pague, ahí están los asientos. Faltaría más.

Alguien agradecía el sábado a Air Berlín que haya llevado a Málaga a 30 pasajeros que habían quedado tirados. ¡Pero cómo nos los va a llevar si tenía los asientos vacíos y estos pasajeros les pagarán 60 euros adicionales! ¿Pero es que hemos perdido la capacidad para razonar?

¿Ha visto usted a un político que se preocupe por que nos podamos quedar sin grifos porque cerró Buades? ¿Y por que nos vayamos a quedar sin zapatos porque ya casi no queda ninguna fábrica en Mallorca? ¿Alguien se piensa que el cierre de una fábrica de coches nos va a dejar a pie? ¿O que cada granja lechera que cierra son niños que se quedan sin desayuno? No, porque otros ocupan el lugar, como ha sucedido siempre. Pero con el transporte aéreo algunos tienen un problema ontológico que los azota, corroe y persigue: cada vez que un avión aterriza, les entra la manía de decir que igual nunca más despega. Que no, hombre, que no, que si hay viajeros habrá aviones. Como ejemplo, la línea Bilbao Madrid, que Spanair cubría con cuatro vuelos diarios, ya tiene desde este lunes una compañía que inicia los servicios en su lugar, con la misma frecuencia, pero con bases financieras más sólidas.

El único riesgo del sector del transporte aéreo es que los políticos metan la cuchara y fijen precios. Mientras tanto, no hay duda alguna de que seguiremos volando como siempre. Otra cosa, y esta sí que es grave, es que esos trabajadores no estén en Baleares, que esas flotas no tengan mantenimiento ni servicios aquí. Pero eso es lo que se tenía que haber hecho en Son Oms y todos sabemos en qué acabó aquello y quién metió la mano allí. Tal vez si no se hubieran fijado, también nos habría ido mejor. De hecho, Spanair no se marchó, se la llevó el Gobierno amigo de Cataluña.

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