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Hoy las ciencias adelantan...

miércoles 06 de marzo de 2013, 08:35h

JAUME SANTACANA. “La verbena de la Paloma” es, probablemente, la zarzuela más zarzuela de todas las zarzuelas; musicalmente excelente, contiene una historia sencilla pero contundente,  relatada con una fina ironía de fondo. En un momento determinado, uno de los personajes –con todo el casticismo necesario- canta: “hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad…”.

Pues bien: a mí me sigue pareciendo físicamente imposible el hecho de mover un dedito encima de una superficie numérica y que, inmediatamente, se pueda oír la voz de una abuela china del pueblo de Wang’tao, en la provincia de Gingseng. Como me parece increíble que, el mismo dedito, circule por encima de una diminuta pantalla, pase por una serie de letras y, al cabo de una décima de segundo un pastor de ovejas de Thanderthurt, a cien millas de Anchorage, pueda estar leyendo un mensaje con un texto de Confucio traducido al danés (he dicho leyendo, no interpretando).

Yo creo que todo eso es pura falacia. Alguien miente…!

¿Y una máquina de fotos que algún científico ha hecho llegar a Marte y nos manda –como quien no quiere la cosa- fotos a todo color del planeta en cuestión? Por cierto: ¡qué feo es Marte! La Serra de Tramontana o la Cala Figuera, sin ir más lejos, le dan veinte vueltas, vamos.

¿Y esta miseria de aparatito de dos centímetros y medio (ya sé que el “tamaño” no importa…) que consigue almacenar millones y millones de datos, de libros, de fotos, de números de teléfono, de películas porno, etc. al que le llaman los snobs pen drive, y el pueblo llano “lápiz empollón”…o de “memoria”? ¡Venga, hombre…por favor!

Disculpen, pero debo reiterar que todo esto, estos falsos artilugios, son una trola como la catedral de Palencia. Hay que ver, de todas maneras, como traga la gente: es decir, cuatro iluminados se han inventado estas técnicas, lo han contado en Facebook, y millones y millones de seres vivos –humanos, mayormente- no han pillado la bola y se han entregado a la credibilidad, como quien se entrega a un cuerpo con la sana intención de obtener una pizca de placer.

Es como  la televisión: ¿algún incauto se ha creído que la televisión existe?

 

 

 

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