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Cristina: de aquellos polvos estos lodos

Por Miguel Ángel Ariza
sábado 16 de enero de 2016, 02:00h

¿Qué os parecería devolver 5.000 millones de pesetas en cómodos y módicos plazos durante toda la vida? Seguramente no me seguís pero me explicaré rápidamente: corría el año 1999 cuando el periodista Jesús Cacho publicó su obra “El negocio de la libertad”, disfruté de leer este libro. En ella, Cacho describe como un poderoso señor pide un crédito de 5.000 millones de pesetas a otros poderosos señores de Oriente. Los señores de Oriente, como si fueran los reyes magos, además le regalan un Ferrari.

El automóvil en cuestión sirve, a su vez, para recordarle al primero que debe devolver tan suculenta cantidad de dinero. Quien recibió los 5.000 millones no dispone de líquido suficiente en ese momento para saldar su deuda (¿por qué será que no me sorprende?) y urde un maquiavélico plan: ya que ustedes, los de Oriente, son los dueños del petróleo, suban el precio del oro líquido a todos los españoles y con la diferencia cóbrense los 5.000 millones de pesetas, los intereses y lo que les dé la real gana.

En este caso lo de “real” no es por “realidad” sino por “realeza”. La historieta no es ficticia, y sus protagonistas tienen nombre, apellidos y corona. El prestamista fue el rey de Arabia Saudí y el que percibió los 5.000 millones de pesetas (acompañados de un Ferrari algo más tarde) fue, ni más ni menos, que el Rey Juan Carlos I. Habrá quien lo crea y quien no, pero así lo describió Cacho en su obra el año 1999 y aún nadie (básicamente: la Corona) ha emprendido acciones legales contra él. Por algo será...

Con estos antecedentes, más propios de la mafia que de un monarca ejemplar... ¿qué podemos esperar de sus retoños?. Si ese es el ejemplo que desde niñas han visto las infantas y el ahora Rey... si han contemplado como su padre, el jefe del estado, el máximo responsable del país, ese apuesto personaje que puso orden y seny en un 23F caótico; de repente se quitaba la careta y se transformaba en un golfo, un sinvergüenza que aceptaba dádivas y regalos, que invitaba a saquear los bolsillos de sus súbditos sin remordimientos...

Con semejante ejemplo, me parece poco lo que Cristina y su marido han hecho, la verdad.

Antes de continuar debo decir que siempre he sido monárquico, no es ningún secreto. Pienso que tener una monarquía sólida y ejemplar es sinónimo de buena salud democrática y acompaña al buen hacer del país pues independientemente de si gobiernan rojos, verdes o azules, el rey siempre es el rey y representa a la nación frente al resto del mundo.

También quiero matizar que no sólo me he dejado llevar por el libro antes mencionado, también el digital El Español de P.J. Ramírez publicaba esta semana que, Matas se defenderá en el caso Nóos diciendo “El Rey Juan Carlos, me llamó para que tratara bien a su yerno”... creo que poco más cabe añadir.

Dicho esto debo matizar también que espero que los nuevos reyes (ya no tan nuevos, que Felipe VI ya ha hecho dos discursos en Nochebuena) no cometan los mismos errores que su antecesor. Que se ponga las pilas con el tema de Cataluña, que se ahorre safaris y cacerías en Sudáfrica y que se aleje de las mafias y chanchullos que están dejando a su padre como el mayor de los golfos de España.

Lo que debería hacer ahora Juan Carlos, en mi opinión, sería venir a declarar, dar ejemplo y no alimentar aquello de “quien calla otorga”. Él y Felipe VI, con un par. Taparían muchas bocas, quizás hasta la mía. Ni doctrinas Botín ni Atutxa ni nada por el estilo para la Infanta. Deberían dar ejemplo todos ellos, no solo predicar. Que vayan a declarar ,unos, y den la cara. Y que se defienda como acusada la otra.

Porque hasta ahora, a Cristina la están caricaturizando como la pobre ignorante que no se enteraba de nada, que estaba enamorada y que casi vivía en el limbo. Y no, no hablo de su hermana Elena.

Pues por ser tan ignorante bien ha sabido cometer delito fiscal superior a los 300.000 euros. Los hay que por menos están en prisión. Sin ir más lejos, me viene a la cabeza una noticia del pasado miércoles: “condenado a dos años de cárcel por robar dos bicicletas en Palma”. ¿Y dónde está Cristina? En Ginebra, esperando que no se la juzgue.

¿Dónde estaba Horrach el defensor en este caso? Me parece vergonzoso, la verdad. Tanto ímpetu y tantos esfuerzos por parte de la Fiscalía y de la abogacía del estado por salvar a la infanta del banquillo y luego estos titulares ridículos de cárcel por dos bicicletas. ¡Dos bicicletas señores!. No estoy justificando el robo, no me malentiendan, pero vaya... que no me parece muy justo condenar a dos años a la sombra a un señor por robar dos bicicletas y luego hacer un gran despliegue (que roza el absurdo) para salvar a una señora que ha cometido delito fiscal.

No se engañen, Cristina no es ni tan ignorante, ni tan insulsa ni tan mema como nos la quieren pintar. El que me da pena en este caso es Urdangarín (ahora sé que habéis abierto los ojos como platos, pero es así), ese mismo al que están dejando como el feo y el malo de la película. El que jugaba a balonmano y de la noche a la mañana se convirtió en un pícaro real.

Repito, no seamos ingenuos y miremos al pasado, en el fondo la culpa es del emérito Juan Carlos, por el ejemplo que dio a sus hijos. Así le ha ido a Cristina, pensando que todo estaba permitido y que por ser hija de señor con corona podía hacer lo que quisiera y luego disfrazarse de boba para disimular. Suerte ha tenido Juan Carlos que, de tres hijos, solo una le ha salido descarriada (al menos por el momento y que se sepa).

¿Se imaginan si fueran ustedes los que hubieran cometido delito fiscal? No ya de 300.000 euros, pongamos solo la mitad: 150.000 euros. ¿Creen que Horrach o la abogada del estado María Dolores Ripoll se molestarían lo mínimo en aportar documentos para defenderles?.

Lo dicho, de los polvos de Juan Carlos ahora los lodos de Cristina.

PD: Querida abogada del estado Sra. Ripoll, el artículo lo iba a escribir esta semana dedicado sólo a usted, pero resumiré mi rabia en un par de lineas: ¿cómo es eso de que lo de “hacienda somos todos” era un mero anuncio de publicidad?. ¿Quién le paga a usted señora abogada?, no olvidéis estimados lectores que LE PAGAMOS TODOS, todos los que somos hacienda. Que, tanto si le gusta a la señora Ripoll como si no le gusta: somos TODOS.

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