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Tenc un mal dolent

Por Francesca Jaume
lunes 01 de febrero de 2016, 04:00h

Ya volvemos a estar de nuevo con el debate de no poder tener buenos médicos si exigimos el catalán. Parece que esta casuística concreta es el principal argumento para que la lengua propia de Baleares sea un mérito y no un requisito. Los motivos a favor y en contra ya los conocemos, por lo que no me voy a repetir.

La cuestión, tal como yo la veo, no va en función de las capacidades intelectuales de agricultores de la Mallorca profunda o de doctores formados en Yale. El quid de la cuestión tiene otro nombre, y se llama Derecho.

¿Qué anteponemos, el Derecho del médico a un trabajo en nuestra comunidad o el Derecho de los ciudadanos a dirigirse a la administración en la lengua oficial que le venga en gana?

Como es sabido -aunque también ignorado por algunos-, la legislación autonómica establece que las dos lenguas oficiales son válidas en el acceso a la administración pública. Siendo así,¿cómo puede ejercitar su derecho un ciudadano si su interlocutor ‘detrás de la ventanilla’ sólo entiende una de las dos lenguas?

En ciertos casos muy tasados, cómo puede ser el manido caso de médicos, si resulta imposible que aquel supermegaprofesional que se ha sacado una de las carreras más duras apruebe el nivel C de catalán (cosa que no es fácil ni para un nativo universitario), al menos que acredite que lo entiende a nivel conversación sobre todo sabiendo que el catalán es una lengua latina. Dudo mucho que un médico, al poco tiempo de residir en Baleares, no pueda entender nuestra lengua, aunque no la hable ni la escriba.

En todo caso, no estaría de más sacar a los médicos de este debate. Aplicando un poco de sentido común (seny) la cuestión podría resolverse más fácilmente.

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