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Cañellas: la injusta justicia

Por Miguel Ángel Ariza
sábado 21 de mayo de 2016, 03:00h

Algunos de vosotros ya sabréis que estos días estoy en tierras sudamericanas. He pasado unos días en México, me he dejado caer en Panamá (y no estaba buscando papeles) y justo acabo de llegar a Cuba donde finalizará mi particular desconexión.

Cuando partí de Mallorca ya lo hice con una idea en mi cabeza. Pensé que era puntual pero hoy, paseando por el Malecón no he podido evitar la melancolía y he vuelto a pensar en ello, en una persona concretamente y en la injusta situación que le ha tocado vivir.

Hace algunos meses ya escribí sobre la injusticia de la justicia, aunque lo hice hablando de dos personas anónimas (entiéndase por anónimas aquello de que jamás han ocupado un cargo público), eran Romano van der Dussen y Rafael Ricardi. Ambos pasaron años encerrados por delitos que posteriormente se demostró que no habían cometido. Ya lo dije en su momento, ¿quién paga ahora el daño psicológico infringido a estas personas por un sistema mal diseñado del que participamos todos? En todo caso, lo que me ocupa hoy es un asunto distinto aunque relacionado. La situación que ha vivido Mateu Cañellas, ex-conseller de deportes, el cual hace escasas semanas pasó de enfrentarse a una petición de más de 10 años de prisión a ser exonerado de todos los cargos. Cañellas fue detenido e imputado en varios sumarios de corrupción cuando pertenecía a UM.

Tiempo le costó a Cañellas defender su honorabilidad y su inocencia. Y cuando digo “tiempo” me refiero a casi una década. ¡Ahí es nada señores!. No me recrearé recordando todos los procesos a los que Cañellas se ha tenido que enfrentar, ni los complots que se organizaron contra él, pues es historia reciente de nuestra comunidad y todos, más o menos, los recordamos.

Lo que me pica de todo este asunto (serán los aires cubanos que me enternecen el corazón), es el calvario personal que pasa una persona cuando está condenada injustamente. Y hoy en día la palabra “imputado” (o mejor dicho, “investigado”) está ya demasiado prostituida.

Cañellas no lo ha escondido jamás, ha declarado abiertamente que desde que empezaron los procesos judiciales su vida era un verdadero infierno. Espero, amigo, que este infierno ya sea historia para ti y la vida vuelva a sonreírte, porque lo mereces.

La pena del telediario, en el caso de Cañellas, sale muy cara a la persona que lo sufre. A ella y a todo su entorno. ¿Acaso creen que es muy fácil para una pareja, unos hijos, unos padres, unos amigos... ver como un ser querido es juzgado injustamente en la plaza?

No puedo evitar pensar en esos injustos asesinatos que se producían, no muchos lustros atrás, de mujeres por considerarlas “brujas”.

La reflexión de hoy es muy amplia, como ya la hice en su momento, va siendo hora de reflexionar sobre qué sociedad queremos. Cómo queremos ser tratados y cómo deben ser tratados nuestros semejantes.

Aquello de “no hagas lo que no quieras que te hagan” debería ser un mantra obligatorio. Y empiezo entonando el mea culpa yo mismo, que soy el primero que me gusta más un chismorreo que otra cosa. Pero cuando hablamos de temas tan delicados (y creo que no me excedo cuando lo digo) como la vida de una persona, hay que hacérselo mirar.

¿Se imaginan, cualquiera de ustedes, tener que dedicar diez años de su vida a demostrar su inocencia?. ¿Cómo creen que acabarían ustedes viendo su carrera profesional afectada o incluso con graves problemas familiares? Yo, mínimamente acabaría desquiciado.

Pensaba que en nuestro país la inocencia se presuponía y que lo que se tenía que demostrar era, precisamente, la culpabilidad. De hecho es así, lo sé, pero nos lo tenemos que aplicar también los ciudadanos de a pie, y no condenar tan gratuitamente. En todo la caso la justicia debería ser más escrupulosa y, sobretodo, muchísimo más rápida.

Es una auténtica vergüenza que cualquier ciudadano (me da igual que sea Mateu Cañellas que Pepito Pérez) deba esperar diez años a verse liberado de cualquier mancha de duda. Y es una auténtica vergüenza que cualquier ciudadano deba esperar más de dos meses a verse libre de toda culpa (en caso que sea inocente). Así que, ya saben donde pienso yo deben destinarse más fondos señores políticos: a acelerar los procesos judiciales, para bien y para mal.

Medítenlo que, quién sabe... tal vez algún día lo agradecerán. Esta semana no me extiendo más, entenderéis que Cuba bien se merece mi atención. Mucho más que Timpano, el de IB3, pero no os preocupéis, a mi regreso todo volverá a su debido cauce.

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