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¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? (I)

sábado 21 de mayo de 2016, 07:52h

Esta semana hemos sabido que nuestra deuda soberana supera ya nuestro Producto Interior Bruto. Iba a escribir “la deuda soberana española”, pero se trata en realidad de una deuda que pagaremos cada uno de nosotros. Nos toca a casi 24.000 euros por cabeza. Sin hablar de los intereses, que en 2015 subieron a casi 36.000 millones de euros (casi 3.000 millones mensuales y casi 100 millones diarios). Ni los gastos de personal ni la partida para todos los ministerios juntos igualan dicha cifra, que viene a ser casi un 10% de los Presupuestos Generales del Estado. Y dicen que el déficit no evoluciona bien: se cerró en el 2015 con más del 5%. Debido a toda esta situación económica, de la que nosotros no somos en absoluto responsables, unos señores que nadie ha elegido decidirán de cuantos miles de millones de euros serán los ajustes que habrá que ir haciendo en los próximos años, sea cual sea el próximo gobierno salido del 26J. Sí, unos señores que nadie ha elegido. ¿Quiénes son?, ¿de dónde han salido?, ¿para quienes trabajan estos tecnócratas, fríos como máquinas, que cobran unos exorbitantes salarios?...

¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? Es una pregunta inquietante. Pero hay otra que aún me inquieta más: ¿cómo podemos convivir mes tras mes con semejante expolio con una “santa resignación” que de santa no tiene nada? Y peor aún es la que sigue: ¿cómo puede ser que un enorme sector de nuestro electorado no solo conviva día a día con una amarga realidad que le supera totalmente sino que ni tan solo se pregunte por qué está sucediendo todo esto? Que ni tan solo se pregunte: ¿qué está pasando?, ¿por qué nosotros y nuestros descendientes tendremos que pagar esa gran deuda pública per cápita, deuda que en realidad nosotros no hemos contraído?, ¿a quién irá nuestro dinero?...

Sí, no nos representan. Es una falacia el decir que los responsables de la Comisión Europea o del Eurogrupo, instituciones presididas respectivamente por auténticos delincuentes al servicio del gran capital, Jean-Claude Juncker y Jeroen Dijsselbloem, son nuestros representantes. Ya dediqué intégrame un extenso artículo a estos dos pajarracos que han facilitado enormes evasiones fiscales a las grandes multinacionales mientras estrangulan a las sociedades de los países europeos más vulnerables con sus recetas de más austeridad y más recortes. Y si de estas dos instituciones es imposible afirmar que sean de naturaleza democrática, mucho menos de las otras dos que deciden con ellas todas estas medidas económicas: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

En cuanto al primero hay que decir que no solo no nos representa sino que, como han denunciado algunos desde dentro mismo del Sistema del que forma parte el Fondo Monetario Internacional, se trata de un poderoso instrumento al servicio del gran capital. John Perkins, un agente privado que trabajaba para la CIA y la NSA, ha explicado con todo lujo de detalles en sus dos libros y en un gran número de entrevistas y artículos que se trata de un instrumento utilizado incluso para ejecutar planificados golpes de mercado, auténticos golpes de estado mediante operaciones financieras. El currículo y la figura de su actual directora gerente, Christine Lagarde, son tan sumamente aleccionadores que los trataré en la segunda parte de este artículo.

Y de nuestro inefable Banco Central Europeo… ¿qué podemos decir? Su extraña naturaleza híbrida (un banco supuestamente público pero en realidad controlado por los grandes familias financieras y al servicio de ellas) recuerda demasiado a la naturaleza de la Reserva Federal. Su modo de funcionamiento ha sido decisivo para la creación en pocos años de nuestra exorbitante deuda soberana. Para entender como hemos llegado a esta, es inevitable por tanto el hacerse también diversas preguntas sobre él y sobre los personajes que lo han dirigido. Pero si tantos millones de votantes (que pueden decantar nuestro futuro hacia la continuidad de semejante latrocinio mientras están entretenidos en debates tan “importantes” como el de las esteladas en los campos de futbol), ni siquiera se hacen las preguntas tan elementales que acabo de hacer anteriormente, ¿cómo serán capaces de profundizar en un encadenamiento de preguntas cada vez más certeras?

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