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¿Qué volen aquesta gent?

martes 05 de julio de 2016, 01:00h
Decían Benedetti o Gala, a ambos les he visto atribuida la frase, que un pesimista es un optimista bien informado. Les digo esto porque yo soy un optimista convencido pero a veces tengo momentos de debilidad…
Les digo esto porque estoy horrorizado de ver como un sacerdote ha reconocido ante un Tribunal de Justicia que abuso de una niña que sus padres le entregaron para que hiciese de monaguillo. Admiro la entereza de esos padres a los que no conozco, pues no se que hubiese hecho si me hubiera pasado a mi. Soy una persona pacífica y creo en el derecho pero hay situaciones en las que no se como reaccionaría…

Estoy cansado de ver como la izquierda radical no acepta las reglas del juego y para justificar una clara derrota electoral divulga por la redes sociales la recogida de firmas aseverando que se han amañado las elecciones al no coincidir con las encuentas.

Estoy cansado de tener que defender el estado de derecho y los principios que lo forman ante gente que no le ha ido nada mal en democracia y que, aparentemente, no tienen ninguna razón para ser antisistema. Entiendo su indignación y la comparto por la cantidad de dinero que se nos ha robado, por pura maldad y codicia, a los ciudadanos y que responsables políticos se muevan mucho mejor en las cloacas del estado que en su despacho oficial. El gran debe de la democracia de estos años es que se usase el dinero de nuestros impuestos para matar y secuestrar a gente; ante el terrorismo (o cualquier delito) no hay atajos sino estado de derecho.

El miércoles pasado asistí a un hermoso concierto en la Catedral con motivo del 700 aniversario de la muerte de Ramón Llull y la canción más aplaudida de María del Mar Bonet, ¿Qué volen aquesta gent?, escrita y compuesta antes de que yo naciera, es una canción protesta contra el terrorismo de estado por la ejecución por la policía de Rafael Guijarro. De los asistentes muchos por edad no podían recordar el trágico episodio pero aplaudimos porque ahora tenemos derechos ante la policía y una detención y los derechos que gozamos cincuenta años después resultan absolutamente impensables para los que vivieron en primera línea los sesenta.

Mi hijo me preguntó un día, después de ver un reportaje televisivo de principios de los setenta, si cuando yo era pequeño la vida era en blanco y negro como acabábamos de ver, le explique qué no, que lo que yo recordaba era en color radiante pero sabía que en esos principios de los setenta había una gran gama de grises…

Creo que debemos valorar lo que tenemos y hacerlo más fuerte; debemos pelear por nuestro bienestar y tener memoria y recordar, como decía Labordeta, los que no lo vieron. Construyamos, miremos adelante y seamos positivos, las futuras generaciones lo merecen. Que pasen un buen día.
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