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El manifiesto fallido

miércoles 27 de julio de 2016, 00:30h
A mediados de la pasada semana fue hecho público un Manifiesto a los Diputados Electos firmado por exministros socialistas y un selecto grupo de intelectuales y artistas, que tuvo cierta resonancia en los medios. El documento partía del rechazo a la eventualidad de que sean convocadas unas terceras elecciones y hace un llamamiento al acuerdo entre las fuerzas políticas para “investir un Gobierno que cuente con respaldo parlamentario suficiente”. Ello es prioritario y hay que acometerlo “sin que quepan excusas ni paliativos para anteponer ventajas estratégicas o intereses partidistas”.

Los medios se dividieron en cuanto a identificar el destinatario de este manifiesto. La mayoría interpretó que se dirigía al PSOE, pero hubo también quienes creyeron que podría ser Ciudadanos o incluso el PP, sin que faltara quienes pensaran que, en realidad, se dirigía a los tres partidos constitucionalistas.

El problema surgió cuando los representantes de esas fuerzas empezaron a asumir sin problemas el Manifiesto. Desde luego, cada uno ponía énfasis en el segmento que más le interesaba. Así, desde el PP se enfatizó el llamado a la urgente formación del Gobierno que hace el documento; desde Ciudadanos se subrayó la defensa del espíritu de consenso. Pero lo más interesante fue cómo asumió el PSOE el Manifiesto: señalando que la formación del Gobierno se solicitaba “para adoptar medidas sociales correctoras de las crecientes desigualdades; y para emprender una reforma constitucional que aborde, entre otras cuestiones, la mejora de la articulación territorial”. Ferraz demostraba así que la formación del Gobierno debía tener lugar siguiendo sus propuestas. ¿Cómo no iban a estar de acuerdo?

Claro, en cuanto el Manifiesto fue asumido sin mayor problema comenzó a perder su sentido, se vaciaba su propósito: mover la orientación política de los partidos que hoy son principales responsables del bloqueo. Un fallo del documento es el que suele producirse cuando se trata de que sea lo más inclusivo posible: para que lo puedan firmar gentes de diverso pensamiento se acude a una generalidad que evite aristas. Ese problema creo que podría referirse a los firmantes en el entorno del PP y a Ciudadanos.

En el caso del PSOE el yerro fue otro. Los firmantes aceptaron la idea de que el Gobierno a formarse debía ser etiquetado. Es decir, un Gobierno para tal y tal cosa. Y ahí colocaron las propuestas más asociadas al Partido Socialista. Craso error. Si se reclama la urgencia de que se invista un Gobierno, entonces se supone que su contenido debe ser negociable. Por ejemplo, ¿reforma constitucional? Pues depende. En todo caso, ¿están queriendo decir los firmantes del manifiesto que la precondición para formar un Gobierno es que todas las fuerzas acepten esa reforma? Porque si están indicando eso, entonces simplemente están contribuyendo –supongo que involuntariamente- al bloqueo. A lo máximo que podían llegar los firmantes, si querían indicar el sentido del Gobierno a investir, era a decir que éste debía establecerse sobre la base de una negociación en torno a esos contenidos. Nunca llegar al etiquetamiento explícito. En el momento que cometieron ese error debilitaron su llamado al consenso y su validez general para incidir políticamente. Para ese viaje no se necesitaba alforjas.
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