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Marivent outlet

Por Joana Maria Borrás
domingo 21 de agosto de 2016, 08:00h
En esta Isla, dispuesta, casi siempre, a nadar a favor de cualquier corriente, siempre que sea la mayoritaria y la que más conviene, ahora lo que priva es asaltar castillos, derribar murallas y lanzar, desde lo más alto de los torreones un alarido de guerra victorioso.

Nunca he compartido ese afán revolucionario de algunos, que necesitan poner de manifiesto sus limitaciones, a base de repartir machetazos a los que no las tienen. Pero en fin, si eso es lo que toca ahora, hagámoslo bien.

Si Marivent ,en el mercado outlet, va a tener visitas (sus jardines), que sea rentable. Ningún turista dejaría de visitar esos jardines si tuviera que pagar 1 euro. Sólo los turistas claro ésta, no los residentes en las Islas. Pero aquí, que nos atrevemos ahora con la Monarquía (eso sí, cuando ya estaba en el suelo, moribunda y medio inerte, porque antes, les regalábamos yates), no nos atrevemos a bregar con las maléficas predicciones que auguran siempre un turismo a la baja, si no se hace caso de las recomendaciones de quien retransmite esa debacle absoluta.

En otras ciudades no se lo creen, quizás porque no tienen pitonisa del mal, y por eso te cobran hasta por ir al baño mientras estás en plena visita de un museo en el que también te han cobrado por entrar.

Por eso creo que no estaría de más cobrar entrada, no sólo para ver esos jardines que los valientes guerreros devuelven ahora a la “plebe”, con una altanería tan deleznable como la que podría tener cualquier monarca que fuese deleznable también; sino también para visitar un Palacio de Congresos vacío, triste, feo, que bien podría alegrarnos el bolsillo si los turistas pudieran visitarlo abonando el precio de una simbólica entrada y visitando a la vez (ojo Cort que doy ideas), algunas exposiciones estratégicamente colocadas en todo el edificio, de artistas noveles, para promover esa cultura que les llena la boca a diario y que no tienen ni idea de como promoverla.

Con el Palacio de Congresos y los jardines de Marivent, podríamos paliar ínfimamente el elevado coste de ambos inmuebles o su mantenimiento, pero eso sí, nos podríamos a la altura de las mejores ciudades turísticas del mundo dónde no hay un sólo edificio, ni una sola piedra, visitada por un turista, que no tenga un coste para ser vista.

Y si la excusa es que el sistema de la Administración Pública no permite, en breve espacio de tiempo, modificar la normativa y la costumbre para poder gestionar de forma rentable esos espacios, que se pongan manos a la obra para que cualquier año de éstos, los unos o los otros, puedan cambiar la forma de gestionar el turismo en nuestra Ciudad.
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