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Pensiones y JASP

Por Joana Maria Borrás
domingo 28 de agosto de 2016, 02:00h

Hace tiempo que no escribo sobre ellos y tengo “mono”. No tengo remedio porque me pueden los JASP, de la misma manera que me puede la gente buena, de la misma forma que me derrota la humanidad de una mirada.

Los JASP son esos “jóvenes aunque sobradamente preparados” que todavía lo son, y los que lo fueron hace unos años, porque ya han crecido y se han adentrado en la densa espesura del mundo laboral, aunque no fue fácil entrar en ella. Los JASP son esos jóvenes que, pese a sus curriculums universitarios brillantes, ganan mil euros al mes, o poco más, y se hartan de hacer horas extras sin cobrarlas y sin reclamarlas porque eso no es lo prioritario.

Los JASP son esos que con esos mil euros se las ingenian para tener casi de todo, en pequeñas dosis, y además viajar de vez en cuando. Son los que han motivado la caída de los precios, en un picado rotundo, para adaptar el mercado a sus posibilidades. Y los que han favorecido que, generaciones posteriores durante años maldecidas por el mal de ganar menos de 2 mil euros al mes, se hayan convertido en privilegiados de 14 pagas o más, que pueden ir de viaje, comprarse muebles, ropa, accesorios, zapatos, servicios, al mismo precio que pagan sus hijos. Y con este panorama todavía hay quienes pretenden, que dentro de quince años, esos jóvenes puedan pagarnos a todos la pensión, como si fuéramos todos empleados veteranos de ENDESA o de TELEFONICA.

Es una marranada que, en un País (o Países en reivindicación, y a ver si se reivindican pronto y puedo dejar de escribirlo así) en el que los jóvenes todavía pasan un autentico calvario para acceder al mundo laboral; en el que millares de pensionistas tienen que contar euros en la palma de su mano, a fin de mes, para saber si les basta el dinero para comprar el pan y la leche; en el que pequeños y medianos empresarios, y autónomos, se las ven semana tras semana, para no cerrar el “chiringuito”, los haya que se atrevan a protestar por estar perdiendo, paulatinamente, privilegios, consagrados en épocas de esplendor económico.

Es una marranada que ni un sólo político de los que están negociando o de los que quisieran negociar, para gestionar el dinero público, no hayan incluido planes para revisar las pensiones millonarias de algunos, e incluso las pensiones de quienes aprovechando fallos del sistema, no reúnen en realidad los requisitos para estar cobrándolas.

Si esos jóvenes JASP son listos y lo son, tienen que exigirnos más rigor en el control de la gestión de esas pensiones, no ya para poder recibirlas ellos (que será difícil), sino para no tener que pagar más de lo mismo cometiendo los mismos errores a la hora del reparto.

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