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Las tres opciones no son de igual riesgo

viernes 02 de septiembre de 2016, 00:00h

Existe un consenso generalizado, tras este primer debate de investidura, acerca de que no hay novedades en el horizonte. Siguen habiendo tres opciones: a) investidura de Rajoy, a partir de un pacto con Ciudadanos, para un gobierno en minoría, b) intento de Sánchez para formar una alianza con Podemos y los independentistas; c) convocatoria a unas terceras elecciones.

Resulta interesante ver como los comentarios políticos repiten esta obviedad sin valorar comparativamente esas tres opciones. Como si todas fueran igualmente negativas. Únicamente el editorial del diario El País se ha atrevido de calificarlas: para este periódico la peor es la convocatoria de nuevas elecciones.

Yo no estoy tan seguro. Es cierto que una obligada convocatoria para acudir nuevamente a las urnas no favorecería la imagen de España en el mundo y que mostraría claramente la incapacidad de concertar de las fuerzas políticas en el país. Un disparate. Pero aceptando que esa opción es descorazonadora, hay que señalar que, a fin de cuentas, se inscribe en los procedimientos democráticos de un sistema parlamentario. Quizás en unas nuevas elecciones, el electorado premie a las fuerzas propositivas y llega a suceder que la suma de PP y Ciudadanos consigue obtener la mayoría. Insisto, es una opción poco edificante, pero no me parece la peor, como asegura El País.

Cada vez estoy más convencido de que la peor es un gobierno PSOE con Unidos Podemos y los independentistas. En primer lugar, porque estos últimos ya lo han dejado claro: sólo apoyarían esta opción si el PSOE aceptara la celebración de un referéndum en Cataluña. Y más allá de la gravedad sustantiva de esa condición, es necesario señalar que cualquier aproximación del PSOE a esa condición, lo partiría brutalmente como partido. Pero además, la intervención de Iglesias en este debate me parece que disuelve toda duda de su catadura política. Regresando a sus poses más mitineras y demagógicas, desde las que se siente justificado para repartir escapularios rojos e insultar a medio mundo, apenas puedo hacerme una idea de lo que sería Iglesias con capacidad de influencia directa en un gobierno socialista, incluso si no participara en el gabinete. No tengo más remedio que coincidir con Ciudadanos: esta es la peor opción posible.

Queda pues la alternativa de investir a un gobierno minoritario del PP. Si la pauta para valorarla fuera el debate hoy entre los Rajoy y Sánchez, estaríamos condenados a la melancolía. De nuevo un concierto de medias verdades. Rajoy se empeña en señalar el vaso medio lleno para asegurar que esta rebosante y Sánchez se lanza a subrayar el vaso medio vacío para trazar un panorama completamente oscuro. (Por cierto, me sorprende la versión desbalanceada que ofrece de la intervención de Sánchez una comentarista en este medio).

Parece que Sánchez se empeñara en convencernos que para desbloquear el país es necesario que nos guste Mariano Rajoy. Primero se trata de que al discurso de Rajoy le falta alma y sentimiento. Bueno, no pensaba yo que el debate de investidura tuviera que basarse en discursos encendidos, sino en solidez de argumentos. Pero, a fin de cuentas, ¿desde cuándo Mariano Rajoy es un excelente orador, un brillante comunicador, un líder de masas? Se ha repetido hasta la saciedad que Rajoy es un dirigente de gabinete, donde se mueve como pez en el agua. Tratar de enfatizar su deficiencia comunicacional, solo parece un recurso falaz y socorrido.

No. Para desbloquear la situación no tiene que gustarnos Mariano Rajoy. Ni siquiera su programa de gobierno, que hoy, forzado por Ciudadanos, se parece cada vez menos al programa del PP en el pasado año.

Dicho en otros términos, la investidura de un gobierno minoritario de Rajoy es la opción menos mala. Claro, si usamos para valorarla un poco de sentido de Estado y no el grado de empatía con Mariano Rajoy. Pero si la estrategia se reduce a tratar de derrotar esa candidatura a sangre y fuego y no se puede ofrecer otra, será imposible que Sánchez no acabe viéndose como el factor que conduce a unas terceras elecciones. El círculo de Sánchez insiste en que no encuentra razones para dejar gobernar al otro (por decirlo en los términos de Felipe González). Parafraseando aquello que se dice sobre la economía, ¡Es el interés general, estúpido!

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