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Prohibir o el efecto de la mosca en el urinario

Por José A. García Bustos
sábado 10 de septiembre de 2016, 02:00h
Colocar una mosca en los urinarios masculinos ha sido uno de los inventos más sencillos e ingeniosos que conozco. Con el simple hecho de poner una pequeña pegatina de ínfimo coste, se ha conseguido ahorrar en productos de limpieza y en horas de los limpiadores. Tras el invento, los baños están un 80% más limpios, es decir, con una reducción en ese porcentaje de las salpicaduras. Al miccionar, los usuarios observan el insecto y apuntan hacia él para intentar ahogarlo. Mediante el juego se han conseguido los objetivos deseados. Esa mosca, creada por un empleado anónimo del aeropuerto de Amsterdam, harto de limpiar salpicaduras y, seguramente sin formación, ha inspirado una manera de hacer las cosas: la filosofía nudge, término que, en inglés, viene a significar: “pequeño codazo al vecino de al lado para que se desplace”. Es la chispa que desata una acción en el otro.

Los empresarios emplean esta técnica con gran habilidad para lograr su fin: vender más. Por eso, los supermercados colocan la leche o el pan, elementos básicos adquiridos a diario, en el fondo del pasillo para que antes pasemos por delante de otros productos y sintamos el impulso de comprarlos. O, mientras esperamos en la cola de la caja, colocan productos de bajo valor a la altura de nuestros ojos para ser consumidos sin tener una necesidad real de ellos. O como IKEA, que te obliga a recorrer todas sus instalaciones y tentarte con la compra de una nueva cocina, antes de llegar a la caja. O aquella marca de chicles que enuncia, mientras te ofrece su logo, que “ocho de cada diez” dentistas aconsejan chicles sin azúcar. O cuando al comprar un libro en Amazon, la plataforma te indica qué otros títulos han adquirido lectores que previamente se hicieron con el mismo libro. Son medidas muy baratas y muy efectivas que condicionan la compra del receptor.

Los empresarios dominan la técnica. Quienes necesitan ayuda son los políticos en el poder que, a base de regulación y prohibición, intentan favorecer unos determinados comportamientos, se supone que de interés general.

Para mejorar la salud pública y la pérdida de peso entre los escolares, existe un nudge que llevaron a cabo algunos colegios públicos de Estados Unidos: colocaron la fruta en el primer lugar de la cadena de autoservicio del comedor. El alumno que tiene hambre no puede renunciar a lo primero que ve y carga su bandeja con algo de fruta. Ese espacio deja de ser ocupado por patatas fritas u otros productos hipercalóricos. Con esta sencilla medida se consumió un 25% menos de alimentos no saludables.

Las autoridades públicas deberían fomentar el comportamiento deseado, más que prohibir el opuesto.

¿Preocupa la escasez de agua? Una pequeña acción podría ser, por ejemplo, colocar en las duchas públicas de las playas, una imagen de tierra árida y agrietada en la temporada seca de la sabana africana, a la altura de los ojos. O una imagen del Gorg Blau el año de su mayor nivel junto a otra del nivel actual. El bañista las verá mientras se ducha y tomará conciencia de su escasez, acortando el tiempo de exposición al preciado líquido. Otro ejemplo sería colocar unos bancos a la sombra, junto a las duchas para favorecer que la gente se sentara.

Al sentirse observados, los usuarios de las duchas no derrocharían. Otra idea podría ser emitir un sonido mientras se emplea el pulsador que activa la salida del agua. El sonido a elegir debería ser soportable pero pasado un tiempo debería llamar la atención de quienes esperan.
¿Qué más nos preocupa? ¿La suciedad de Palma? Con la implantación fallida de la “recogida de trastos” la presidencia de Emaya ha reconocido recientemente que Palma está sucia. En lugar de culpar al antiguo equipo de gobierno municipal, trece meses después de haber salido, debería aplicar medidas baratas que orienten al buen comportamiento de los palmesanos. Aquí van unos nudges que se me ocurren para mejorar la limpieza de la ciudad. Por ejemplo, colocar en los contenedores, imágenes de ciudades pulcras y limpias a las que queremos parecernos. Oviedo es la ciudad más limpia de España y Calgary (Canadá), la más limpia del mundo. Un pequeño mensaje a pie de foto haciendo alusión a su posición en el ranking y nuestra voluntad de parecernos, ayudará a motivar. Otra idea: hacer sonar una sintonía divertida cada vez que un usuario deposita la basura dentro de los contenedores y una de desaprobación o error cuando lo hace fuera. Unos simples sensores y un pequeño altavoz es todo lo que se necesita.

Otras ideas: a) Pintar unos pasos hacia el contenedor, incitando a ser seguidos, b) colocar pegatinas con cámaras de fotos, de vídeo o del “ojo que todo lo ve” para crear sensación de que los usuarios están siendo observados, c) poner luces más potentes en las farolas cercanas para evitar la complicidad de la noche, etc.

La conclusión es que la mejor solución a nuestros problemas no debería pasar irremediablemente por la prohibición. Ya estamos sometidos a una gran regulación en todos los ámbitos, con la consecuente penalización por no cumplir el ordenamiento jurídico. La solución puede ser muy barata y efectiva. Simplemente se requiere imaginación y originalidad para fomentar comportamientos adecuados. Los poderes públicos deberían fomentar nudges o pequeñas acciones que consigan grandes beneficios. En lugar de prohibir y castigar, deberían realizar una tormenta de ideas entre los técnicos o fomentar concursos de ideas entre los ciudadanos. Como el de la mosca en el urinario, creada por un simple trabajador de la limpieza.

¿Nos atrevemos a dar soluciones baratas y efectivas, a modo de nudges, a problemas como la saturación turística, la reducción de las listas de espera en los hospitales, la eliminación de la corrupción política o la reducción del desempleo? Seguro que nos sorprendemos de nuestra creatividad y, quien sabe, puede que encontremos una salida profesional como asesores políticos.
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