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Mantras catalanistas

jueves 29 de septiembre de 2016, 02:00h

Ahora que hemos conseguido la retirada de un manual escolar trufado de adoctrinamiento político pancatalanista, creo que es apropiado desmontar también algunas de las mentiras lingüísticas que, a modo de mantra, se repiten en los libros de catalán para los alumnos de Baleares.

Afirman: El mallorquín, menorquín o ibicenco (el balear como lo denominaba Alcover) es catalán, al igual que el argentino o el mejicano es español. Nuestros manipuladores catalanistas “olvidan” que la diferencia es que en Hispanoamérica hablan español tras la conquista española, hecho histórico que supuso llevar nuestra lengua al otro lado del Atlántico, poblar aquella maravillosa tierra y mezclarnos con los nativos (y las nativas…). Éstos no hablaban lengua románica alguna. En cambio, en la reconquista cristiana de Baleares del siglo XIII los conquistadores provenientes de la Corona de Aragón se encontraron con nativos isleños que hablaban una lengua muy parecida a la suya, tal como describe el propio Jaime I en su Crónica. Ello es debido a que el latín se había vulgarizado en todo el mundo romanizado y los pobladores de un lugar u otro se entendían entre ellos con facilidad. Nadie trajo el catalán a Baleares. Eso es una aberración histórica y un disparate lingüístico. Primero porque el catalán no existía en aquella época, y segundo porque los conquistadores eran una minoría frente a una importante población autóctona (mozárabes, judíos y cristianos) descendiente de la colonización romana iniciada más de 1.200 años atrás y que, no debió estar muda durante más de 1.000… ¿no?.

Otra de las patéticas argumentaciones catalanistas es cuando preguntan, intentando ridiculizar, si el “manacorí”, el “ciutadellenc”, o el “formenterenc” son lenguas distintas. Lo argumentan sabiendo que estamos hablando de la misma lengua, de subdialectos locales de la lengua mallorquina, menorquina e ibicenca. No son lenguas distintas: Los hablantes de estas localidades hace siglos que tienen conciencia de que lo que hablan es su propia lengua, la que ya utilizaban sus ancestros para comunicarse entre sí. Pregunten a algún anciano, y no tan anciano, que siempre haya hablado en mallorquín, menorquín o ibicenco, si su comunidad lingüística es la catalana, a ver que le responde... Esa negativa a aceptar que la lengua regional de Baleares es la catalana, cargada de razones históricas, lingüísticas, e incluso familiares, era la habitual hasta hace relativamente pocos años. Es esa justa resistencia a la imposición catalanista la que quieren eliminar los multisubvencionados y los engañados a través del adoctrinamiento en la enseñanza y en los medios de comunicación.

Por último, como breve repaso a algunos de los mantras catalanistas, me referiré a ese intento victimista, tan propio de los nacionalistas, de afirmar que sin la imposición del mallorquín, “catalán de Mallorca” para ellos, éste se perderá por culpa del español. Nada más lejos de la realidad: Es el catalán el que hará desaparecer el mallorquín, menorquín e ibicenco, sustituyéndolos. Escuchen como hablan ya muchos jóvenes tras su paso por las escuelas de Baleares. Llorenç Villalonga, en 1932, ya se dio cuenta de cuál era el enemigo de la identidad cultural y lingüística mallorquina-balear: “Nosotros queremos el mallorquín, en el cual se halla simbolizada nuestra intimidad… y estamos convencidos – firmemente convencidos – que esta intimidad no peligra frente al castellano ni el inglés, pero sí frente al catalán”.

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