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Trumpillos

Por Joana Maria Borrás
domingo 16 de octubre de 2016, 03:00h

Que un Trump cualquiera pueda llegar a convertirse, el próximo mes de noviembre, en uno de los hombres más poderosos del mundo, me da náuseas, es más, me da pavor.

Si esta es la mejor candidatura que puede postularse en un País modelo de libertades, que podemos esperar nosotros, País anciano, rabiosamente anclado en la mediocridad de la envidia, y el devaneo presuntuoso de los nuevos ricos.

Trump es un mal presagio y, aunque su rival, Clinton, no es mucho mejor, parece serlo, y en cualquier caso, parece el “mal menor”, en una caótica selección en la que, seguramente, las personas de sentido común en EEUU, irán a depositar su voto de la misma forma que aquí, lavándonos las manos antes y después de emitirlo.

Trump es de esa clase de personas que no deberían existir y mucho menos alcanzar el poder. Pero de la misma forma que hitler (lo escribo en minúscula adrede, porque a los asesinos hay que nombrarles en minúscula incluso si es por escrito), fue arropado por los que le jalearon, por los que callaron, por los que le ignoraron y consintieron a la vez; Trump jadea, creyéndose arrollador, abanderado por millones de votantes que braman por montarla.

Si gana Trump soltará a los perros, porque esa clase de cobardes, los utilizan en la caza mayor. Entre sus votantes (aunque no todos, sin duda), los hay que están sedientos de inestabilidad, porque de ella se alimentan sus cachorros y sus negocios.

Cuando se destapan, esa clase de dictadores y asesinos en potencia, lo que más llama la atención es su séquito de seguidores, hasta entonces, personajes camuflados, como esos animales que se mimetizan con el paisaje, hasta el momento de mostrarse tal y como son en realidad.

Entonces sacan lo que muchos ya intuíamos, la maldad latente en seres humanos que son incapaces de empatizar con los de su entorno.

Espero que gane Clinton, y no porque sea mujer, ni porque tuviera que sobrevivir a los cuernos de su marido con la presión mediática mundial. Una mujer capaz de superar eso y reconstruirse, como se diría de cualquier hombre en el mismo caso, “los tiene bien puestos”, y puede ser peligrosa también, pero menos.

El problema es que hay “Trumpillos” en todos lados, no sólo en EEUU. En nuestro País, hay “trumpillos” a paladas, lo que pasa es que, de momento, tienen miedo y no se destapan del todo. Y el día que lo hagan, desde luego, no se lo vamos a permitir. Joana M.Borrás

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