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Corrupción y trinque entre funcionarios

sábado 22 de octubre de 2016, 08:06h
Estoy convencido que la gran mayoría de políticos son honrados. Sin embargo no se puede negar que estamos ante una verdadera epidemia de asuntos de corrupción que afectan a políticos en ejercicio. Tantos, que se está extendiendo una percepción de corrupción generalizada. De hecho se ha convertido en una de las preocupaciones más importantes de los ciudadanos. Al mismo nivel del drama del paro y por encima de la seguridad ciudadana.

En plena epidemia de corrupción política se está evidenciando una preocupante implicación de funcionarios entre las tramas de extorsión y actividades delictivas en la contratación pública. En especial, entre los profesionales relacionados con áreas de servicio público que conllevan una contraprestación económica vinculada al mundo de la empresa.

En realidad es razonable pensar que entre los funcionarios existe el mismo número de corruptos que entre el resto de ciudadanos. En el sector sanitario dos aspectos deben ser considerados como relevantes en este ámbito.

Si tal como se afirmó en foro parlamentario, de forma sistemática, se producen desvíos presupuestarios anuales superiores al 10% en el sector con mayor presupuesto. Si decenas de millones de euros, fuera de presupuesto, y sin expediente de contratación se dedican a pagar facturas de ejercicios anteriores. Si decenas de millones de euros se dedican al pago de productos farmacéuticos, suministros y equipamientos sanitarios de ejercicios previos refrendados por los propios responsables de la alegalidad..., poco o nada hacemos para garantizar la transparencia y el buen fin del dinero público.

Sin embargo, no es menos cierto que otros aspectos no directamente relacionadas con partidas económicas, pero igualmente alegales o delictivos como los conflictos de intereses no confesados y acceso a cargos directivos vía puerta giratoria express o abusos de poder, son todavía más frecuentes.

De lo contrario no se entenderían los aplausos hasta con las orejas para mantener a directivos mediocres, de experiencia mínima y de moral flexible. Ni la reiteración de consignas maledicientes para intentar apartar a ejecutivos profesionales, independientes y rigurosos, con el legítimo e insano objetivo de beneficiarse ellos.

Si, los genios del trinque y de la manipulación no son elementos extraños en determinadas y significadas administraciones. Vivir para ver.
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