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El muro del sinvergüenza

Por Joana Maria Borrás
domingo 29 de enero de 2017, 01:00h
La imagen que me inspira Trump es la de un rico mimado y consentido, que no tiene ni idea de política. Siento lástima cada vez que veo a su hijo menor, a quien la madre protege continuamente con miradas de leona, deambular delante de su padre, con cara de no saber exactamente que cara poner.

No puedo evitarlo, me inspiran esa sensación de lastima incluso cada vez que veo a la señora Trump, lucir modelos que pretenden ocultar aquello que le llevo a conquistar a un mujeriego semejante, haciendo un extraño trueque entre la aburrida decencia de una primera dama, y la entretenida diversión de quien podía disfrutar luciéndose sin traumas.

Veo a ese niño y a esa mujer víctimas de un paleto, encaramado al carro del poder, creyéndose con derecho a levantar muros, ignorando o queriendo olvidar, que hay estadounidenses afincados en otros Países, y que estos últimos, podrían levantar sus propios muros también.

Siempre ha llamado mi atención el ignorante atrevimiento de quienes se creen superiores a los demás: superiores por haber nacido en un país más rico; por tener más dinero o propiedades; por haber nacido en el seno de una familia opulenta, aunque ahora estén en la más absoluta miseria; superiores por ocupar un cargo de responsabilidad dentro de un organigrama, o simplemente los que se sienten superiores porque son tan idiotas que no pueden darse cuenta de que lo son (idiotas, no superiores claro). Todas esas perspectivas de la presunta superioridad de una raza o de una persona, son una muestra de los peligros que nos acechan en nuestro día a día. Lo malo es que a veces, como ahora, se cierne sobre la historia la sombra de un idiota con dinero, que vive en el País más poderoso del mundo y que ocupa un cargo presidencial nada desdeñable.

A pesar de que construirá ese muro, sin embargo, cosechando críticas desde todos los sectores, rangos y niveles, no nos engañemos: si algún día (previa desinfección aérea) el Presidente Trump viajara a nuestro País (es una pesadilla, lo sé), nuestros políticos (de derecha a izquierda), saldrían a recibirle victoriosos; tanto a nivel estatal como a nivel local, o de Comunidad Autónoma, cualquiera de ellos, se daría codazos para aparecer en la foto, para conseguir cinco minutos de audiencia, o para chupar cámara de cualquier manera a costa de lamerle los nudillos a ese ridículo ricachón de mofletes rojizos.

¿Que País, Organismo o Administración Pública, se atrevería a decirle a Trump que no es bienvenido a un lugar donde el respeto a los derechos humanos es una prioridad? Absolutamente ninguno.

Tienen la suerte de que Trump no vendrá a verles, porque para él, los españoles, como los hispanos, somos una raza inferior. No nos engañemos,frente a un racista no nos salva ni el pertenecer a la Unión Europea, ni el tener un muro “de la vergüenza” también.
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