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Comisiones de investigación y robótica

Por Joana Maria Borrás
domingo 19 de febrero de 2017, 03:00h

Lo he explicado en muchas ocasiones, de la misma forma que me gusta el esquí (sin haber ido nunca a esquiar), o que me gusta el beisbol (sin haber visto nunca un partido en directo), me obsesionan los robots y, en especial, los drones.

No consigo entender porque somos incapaces de intentar avanzar, en lugar de retroceder o permanecer, dando vueltas siempre a los mismos temas, cuando en realidad, las incontables “comisiones de investigación” que se tramitan en nuestro País (a nivel estatal o autonómico), no son sino una duplicidad inútil, y una intromisión de la política en la labor judicial.

A los políticos no les hemos elegido, depositando nuestro voto en las urnas, para que se pasen día tras día, interrogando a otros colegas sobre fechorías de las que ellos mismos podrían ser interrogados. Esa es labor de los tribunales de justicia, no del poder legislativo, ni del poder ejecutivo.

Es preocupante que mientras esas comisiones mediáticas se multiplican sin cesar, haya temas en la mesa de los “deberes”, que ni se rozan, ni se piensan y ni se imaginan como posibles. Por ejemplo, las políticas educativas del futuro más inmediato, deberían prever la enseñanza de materias relacionadas con la robótica, y no me refiero a las ingenierías, sino a todas aquellas profesiones que van a ser necesarias, en esta nueva Era que, como en la época de la Revolución Industrial, va a generar pérdidas de puestos de trabajo, y creación de especialidades nuevas.

Las políticas sociales, deberían prever, al mismo tiempo que aprueban salarios mínimos para trabajadores en paro, la correcta ayuda para la formación de estos y su incorporación a un mundo laboral distinto, en el que ya no será suficiente hablar inglés, sino que además, será indispensable saber convivir con las máquinas, manipularlas, arreglarlas.

Dicho así, suena a película de ficción, pero es evidente que en pocos años, veremos a robots atendiendo recepciones de hotel; habrán desaparecido los cajeros o cajeras de las grandes superficies; los drones realizarán tareas de vigilancia, de control del tráfico, de la misma forma que ya controlan las cosechas; e incluso habrá automóviles, trenes y autobuses sin chófer, que nos llevarán de un sitio a otro con menos peligro del que existe ahora.

Esta rápida evolución de la robótica no nos cogería a contrapié si fuésemos capaces hoy, antes de que surjan los problemas, de gestionar las distintas áreas de gobierno a partir de un área transversal dedicada a las nuevas tecnologías y los más novedosos avances científicos. De la misma forma que las empresas punteras de todo el mundo, están formando trabajadores y creando áreas especializadas en el mundo digital. Hacer políticas que se anticipen al problema es la clave. No se trata de esperar a que grandes empresas comiencen a despedir trabajadores porque los van a sustituir por robots que harán el mismo trabajo por menos dinero. No se trata de esperar a que esos trabajadores salgan a la calle contra el gobierno de turno. Se trata de que quienes gobiernan, tengan la capacidad de transmitir la necesidad de renovar continuamente la formación a impartir en los colegios, en las Universidades y en los centros de formación profesional. Se trata, sin más, de adaptarse al cambio que se avecina, antes de que cause estragos.

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