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Amarillo y verde

Por Vicente Enguídanos
viernes 03 de marzo de 2017, 08:18h

Como muchos baleares, en el puente que celebra el aniversario de su Estatuto de Autonomía, escogimos Andorra para cambiar de aires y practicar el infrecuente disfrute del esquí. El catalán es la única lengua oficial del Principado, pero las variedades dialectales de las islas sonaban este fin de semana en cada rincón, como si toda la población del archipiélago hubiera migrado a practicar el ‘shopping’ y los deportes alpinos, en lugar de aprovechar el extenso programa de actos conmemorativos. En esa camaradería que solo se experimenta cuando te encuentras con paisanos en el extranjero, a los que no saludarías si te los cruzas en el municipio de residencia, te das cuenta de que los temas que llenan las portadas de cualquier medio de comunicación resultan intrascendentes cuando tomas algo de distancia.

La transmisión digital permite permanecer al corriente de la actualidad, aunque te separes del epicentro informativo, pero la inmediatez de la comunicación contemporánea no evita que la recurrencia de los asuntos de interés permanezca invariable a lo largo del tiempo y puedas abrir un breve paréntesis sin que el regreso te sorprenda con buenas nuevas. Los mismos personajes que provocaban controversia, semejantes opiniones sesgadas por el posicionamiento ideológico, interminables casos de corrupción que extienden la mancha más allá de sus efectos reales, la lectura interesada de datos estadísticos, el maniqueísmo político… siguen siendo un rosario de titulares que inducen a la sugestión de sufrir un ‘déjà vu’, si no fuera porque la fecha de la cabecera te reordena las ideas. Los temas de interés editorial son a menudo recurrentes y previsibles como los contenidos de una teleserie de ficción, tan elongados por los guionistas que puedes ver un capítulo a la semana, sin perder el hilo de la trama.

Tras el paréntesis vacacional y de vuelta a la realidad con los mismos protagonistas de la pasada semana, incluida la fastidiosa bacteria que alterará nuestro ecosistema sin que una tasa turística pueda remediarlo, aprecias el balón de oxígeno intelectual que te otorga una atalaya en la lejanía, donde adquieren importancia los argumentos con valor real y no los que nos confunden al observarlos con cortedad de miras. Mientras en el día a día, nos ponemos de vuelta y media los unos a los otros y, especialmente, a los que no comparten nuestras ideas, con la abstracción te das de bruces con que la abrupta salida de Luis Enrique del Barça, anunciada al recuperar el liderazgo de la Liga Santander, o la vuelta del Mallorca a las posiciones de mayor descenso, son más comunes en las conversaciones populares que las ansias de representar a la derecha local o la socorrida previsión meteorológica.

Al menos, durante estas fechas, la elección de una miss de Inca no ha sido recibida con críticas sino con la admiración de quienes aprecian la exquisita ensaimada de Mallorca y, si se ha puesto verde a alguien en las últimas horas ha sido al mismo río Arinsal que compartimos cruzando los Pirineos, al detectarse un vertido fluorescente en sus frías aguas, pero inocuo y biodegradable, con el que han querido teñir nuestra vuelta a casa mientras se analiza el manantial que causó el pasado año una intoxicación masiva en Cataluña. Por esta vez, se agradece la prensa de colores.

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