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4-1

viernes 10 de marzo de 2017, 04:00h

No, no me he equivocado de resultado, ni pienso hablarles de fútbol, aunque sí se trata de un match Barcelona-Madrid, o mejor dicho, asistimos al emocionante derbi Palau-Púnica.

Cuando, en 1996, dimos por finiquitado el gobierno de Felipe González, podrido por múltiples casos de corrupción económica, entre los cuales los había de financiación ilegal del PSOE -Filesa, Malesa, Time-Export, etc.- muchos pensamos -llámenme iluso- que aquello serviría de escarmiento y que nunca jamás se volverían a alcanzar semejantes cotas de sinvergonzonería, aunque las corruptelas no acabasen de desaparecer por ser, lamentablemente, inherentes a la miseria humana.

Ahora, sin embargo, comprobamos que aquello fue solo el inicio de una carrera irrefrenable de todos los partidos con mando en plaza para financiarse ilegalmente y convertirse en auténticas oficinas de colocación de acólitos. La ideología es muy secundaria en la escena española, padecemos todavía el analfabetismo político en que nos sumió Franco. Los partidos son grandes empresas, mayormente para la ocupación de mano de obra con baja cualificación y escasos escrúpulos.

Millet confesó el miércoles pasado lo que hace años que era un secreto a voces. Resulta que no fue el 3% que denunció en su día Maragall, sino el 4%, distribuido entre comisionistas de lo ajeno y CDC. Qué maldita coincidencia que todo el proceso soberanista y la agitación social subsiguiente, que tanto han alimentado los Mas y Puigdemont, haya surgido justamente a raíz de los primeros indicios derivados de la investigación. Los convergentes, tan admirables políticamente en muchos aspectos, han mutado a independentistas en cuantito les han empezado a buscar las cosquillas, especialmente cuando los tribunales han comenzado a dejar a su líder tótemico, Jordi Pujol, completamente desnudo frente a su leyenda.

Resulta inevitable, incluso para quien, como yo, siente profunda simpatía por los catalanes en general y admiración por muchos políticos convergentes (de la antigua CiU), en particular, anudar ambos procesos. Nos investigan, ergo nos envolvemos en la senyera y que salga el sol por Antequera (perdón por el ripio involuntario). Muy triste y frustrante, especialmente para los independentistas de convicción.

Mientras, en la capital avanza la investigación del caso Púnica, que afecta al PP madrileño de Esperanza Aguirre, tan pro-Joserra ella, por cierto.

Pues bien, parecen existir evidencias de que el PP de la Comunidad de Madrid fue financiado en esa época con el 1 por ciento del importe de la construcción de seis hospitales públicos. No me pregunten cuánto es eso, un pastizal.

Ante semejante panorama, y dadas las escasas probabilidades de que ninguno de los partidos afectados que, oh casualidad, son los que acostumbran a gobernar, haga nada para facilitar los cambios legales que acaben con la financiación ilegal -convirtiéndola en legal, o en imposible-, lo único que podemos hacer los ciudadanos de a pie es tomárnoslo con deportividad, como un derbi cualquiera, es decir, hablar el lunes del robo del domingo en la casa del adversario, de lo malos que son los árbitros y de lo injusto del reglamento, y el martes olvidarnos de todo y prepararnos anímicamente para una nueva y apasionante jornada.

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