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El Pacte no tiene gol

viernes 19 de mayo de 2017, 03:00h
Ojalá nuestro mallorqueta rompa este fin de semana con la maldición que arrastra en los últimos años, la de no tener quien materialice el fin último que justifica la existencia del fútbol, el gol.

Pero, curiosamente, esta carencia no es patrimonio exclusivo de nuestro club deportivo de bandera. Por lo visto, la falta de resolución es contagiosa para los políticos del Govern.

Mucho mediocentrismo, mucho pase, pero nadie chuta a puerta. En parte, la culpa la tiene el enrarecido ambiente dentro del vestuario, que consume las energías de los ‘jugadores’.

Tampoco es una novedad. Si algo ha caracterizado a los tres Pactes que han ocupado el Consolat desde 1999 ha sido precisamente su inoperancia a la hora de adoptar decisiones de gobierno. Les ha resultado relativamente fácil criticar muchas de las que tomaron los ejecutivos del Partido Popular, o ensañarse con los excesivos casos de corrupción que asolaron al centroderecha balear durante varias legislaturas. El juego destructivo es sencillo, pero la línea de creación y el gol son la esencia del espectáculo futbolístico, como lo es la búsqueda de soluciones realistas, la toma de decisiones y la ejecución de medidas, aun a sabiendas de que algunas serán impopulares, para la política.

Vivimos del turismo. No, no crean que todo el mundo lo tiene asumido. Y, sin embargo, el Govern retrasa una y otra vez la toma de decisiones cruciales para la gestión de nuestra principal industria, y eso cuando no amaga, recula, cambia de discurso. Resulta exasperante.

Acostumbrados a destruir lo que otros intentan –con mayor o menor fortuna- construir, cuando a los integrantes del Pacte les toca tomar decisiones se pierden. En gran parte, porque no existe una estrategia de juego, una sola línea política, fijada por el entrenador. Aquí la defensa, el centro y la delantera piensan por su cuenta, cada línea tiene su propia concepción del juego y dentro de éstas los jugadores se ensañan en disputas de protagonismo personal.

Decisiones como la consolidación de un concepto definitivo de ecotasa que no cambie cada dos años, la determinación de qué diantre es y dónde podrá practicarse el arrendamiento turístico, la eliminación de barreras al crecimiento de establecimientos e instalaciones dirigidos al turismo de calidad, la represión de la delincuencia que campa a sus anchas en la Playa de Palma, Magaluf y otras zonas turísticas maduras, son ejemplos de las que el Pacte se muestra incapaz de adoptar, mientras pierde el tiempo miserablemente diseñando corridas de toros de la Señorita Pepis o haciendo campañas por las causas más estrambóticas, que no interesan salvo a una exigua minoría, aunque, eso sí, tal vez sea la exigua minoría que vota a cada una de las fuerzas del conglomerado político que conforman.

Hasta para algo tan elemental como perseguir la venta ambulante ilegal, que masacra a nuestros comerciantes, el Pacte no consigue adoptar decisión alguna. El patético episodio vivido ayer en Cort, en el que Més –a punto de asumir la alcaldía- y Podem bloquearon el preacuerdo alcanzado por el socialista Hila con la oposición para luchar contra estas mafias, demuestra hasta qué punto este matrimonio de conveniencia a tres tiene como única utilidad la de actuar de oficina de colocación para los afectos a cada una de las formaciones que lo componen.

Pero, a la hora de marcar, que lo hagan los del equipo contrario en propia puerta, porque ellos son incapaces de distinguir un balón de una calabaza.


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