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Seres que duelen

Por Margalida Colom
viernes 30 de junio de 2017, 02:00h

A nuestro alrededor existen personas que lo están pasando verdaderamente mal; de unas lo sabemos, de otras hay que fijarse para darse cuenta de que algo les ocurre. Padres que han perdido a un hijo, enfermos de cáncer, familiares en prisión, toxicómanos en proceso de rehabilitación… Puedo poner nombre propio a cada uno de los casos citados y a algunos más.

El panorama de nuestro entorno puede llegar a ser descorazonador y todos creemos tener el derecho a juzgar a vencidos y a vencedores sin tener ni la más mínima consciencia ni tan siquiera, una pizca de conciencia.

Aunque mi semana haya amanecido gris no quiero influir en su estado de ánimo, pero tampoco me conformo únicamente en entretenerles si están leyendo estas líneas. De lo que
realmente quiero hablarles es de cómo algunos humanos tienen el don de pisotear la dignidad de los de su misma especie. Se lo explicaré de una manera más llana, las malas personas existen. Pero no crean que me refiero a un sector concreto como podría ser el político, por poner un ejemplo; sino al animal racional que saca su instinto de supervivencia y se deja llevar por su egocentrismo, sus celos, sus bajas pasiones, su poder… y resulta ser un lobo con piel de cordero, o más bien, te seduce cual encantador de serpientes.

Basta que se topen con uno de ellos en la vida para arruinársela de algún modo y aunque se consiga salir de la adicción que crea hacia su persona, siempre queda un sabor amargo en la memoria. Si esto ocurre se sabe de quién se trata pero nos amarramos al sentimiento que nos provoca antes de permitirnos ver la realidad. Puede tratarse de cualquiera: un vecino, un jefe, un amigo, un familiar… El rasgo que tiene en común este tipo de personas es que saben complicar de forma inteligente una situación muy simple. Consiguen que los demás se sientan inferiores ante ellos sin ningún tipo de agresión física pero pueden llegar a absorberte el seso sin dejar ninguna huella. Suelen tener muchas virtudes y ser individuos maravillosos que te hacen vivir experiencias únicas e inolvidables en diversos aspectos vitales hasta que se cansan y te apartan del círculo común que compartíais sin entender la causa que les mueve a obrar de tal forma. Cuando alguien te deja de lado, ya no cuenta contigo sin motivo aparente ni explicación alguna, se resquebraja el corazón y el sentimiento de dolor se acentúa; entonces piensas que no hay derecho en que existan seres que duelen.

La vida ya es bastante difícil en sí y, hay gente que sabe verdaderamente por qué está en el mundo. A las personas tóxicas hay que alejarlas y no demostrarles muestras de apego porque abusan de la confianza depositada en ellas y te hacen perder la propia. Aunque tienen su autoestima muy elevada suelen carecer de inteligencia emocional y reaccionan ante diversas situaciones de una forma deshumanizada: intimidan, coaccionan, coartan, condicionan…

Poner punto y final a este tipo de relaciones cuesta mucho y habrá muchos momentos que parecerá imposible superar la sensación de control que ejercen sobre uno, pero la lucha
constante merece la pena para volver a creer en sí mismos, comunicarnos, dialogar, reír, alegrarse… Y sobre todo reconforta el alma y levanta el ánimo poder espetar a la cara un: “Ya no me dueles”.

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