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Turisterías

martes 11 de julio de 2017, 02:00h

Estos últimos días Mallorca ha tenido el inmenso honor de salir en todos los medios de comunicación europeos, y del resto del universo mundo, por el edificante espectáculo de diversas cuadrillas de turistas, alemanes en esta ocasión, peleándose a puñetazos y patadas en plena playa de S’Arenal, en estado de avanzada embriaguez, ¡¡a las once de la mañana!!. Ya hace muchos años que disfrutamos de las reyertas dipsomaníacas entre británicos, mayormente ingleses, y entre alemanes, intranacionales e internacionales, en bares, pubs, discotecas, hoteles y en la vía pública, pero al final del día y con la noche avanzada; a las once de la mañana, en cambio, es una relativa novedad.

Un paso más en la imparable degradación de la calidad que nos ha sido concedida por los hados del turismo de masas. Y tampoco es el último, ya que parece irremediable que semana a semana avancemos hacia el envilecimiento y la depravación de nuestra primera industria. Lo último, o quizás lo penúltimo, a saber si no habrá surgido ya alguna imagen con un nuevo despropósito, es la foto de un turista cuasidesnudo, apenas tres exiguas tiritas de ropa le separaban del adanismo o, ya que era turista, del “streaking”, saliendo de la terminal del aeropuerto y cogiendo un vehículo de transporte. Ya hace años que muchos de nuestros nunca suficientemente ponderados visitantes nos deleitan con la exhibición de sus carnes fofas, celulíticas y acangrejadas en nuestras calles céntricas y centros comerciales, por los que se pasean con menos ropa que algunas tribus amazónicas en su medio ambiente, pero que lleguen desnuditos desde el avión no deja de ser una novedad ilusionante, ya podemos promocionar Mallorca como “total nude experience”.

El turismo es la base de nuestra economía, el sostén fundamental de nuestro bienestar, pero ciertos desmadres hacen mucho daño, a nuestra imagen y, sobre todo, a nuestra autoestima. No se puede seguir consintiendo que determinados comportamientos incívicos, minoritarios pero muy llamativos, como los mencionados y otros varios sobradamente conocidos, sigan ensuciando la imagen de Mallorca y provocando molestias y malvivir a los residentes. Es urgente, lo es desde hace años, que las administraciones, central, autonómica y local, partidos políticos, patronales turísticas, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil, consensuen e implementen un plan de actuación que permita erradicar este tipo de conductas indeseables. De lo contrario, será inevitable, y plenamente justificado, el crecimiento de la turistofobia y el divorcio entre la industria tusística y una gran parte de los ciudadanos de las islas.

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