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Copos de nieve

Por Francisco Gilet
miércoles 26 de julio de 2017, 02:00h
Snowflakes, copos de nieve, parece ser que fue una expresión que antiguamente se utilizaba para referirse a quienes se oponían a la esclavitud. Como en este mundo nuestro todo cambia, ahora “copos de nieve” alude a una persona percibida como demasiado sensible y frágil, que no soporta presión alguna, o un escrache, por ejemplo. Pero ello no significa que no pueda ser el provocador de uno, aunque jamás víctima. Y así, en tal deriva, cuando el activo se convierte en pasivo, pasa de ser adalid de la democracia a ser, dice, víctima del fascismo y demás ismos. El copo de nieve, de repente, aguijoneado por una historia que ni ha vivido ni ha leído, saca lo mejor de sí mismo y embiste con el manido argumentario de la dictadura, del régimen y demás. Con certeza, en el insulto o en la descalificación personal no hay sino un trasfondo de odio, no hacia la persona, sino hacia el pasado no vivido por el interfecto snowflake.
Si a Hemingway ninguna esquela le era ajena, a determinados colectivos o grupúsculos, solamente les son propias las que afectan a determinados difuntos. De ridícula actualidad en esta tierra el arte del toreo, la muerte de Victor Barrio hace semanas provocó que por parte de autocalificados animalistas se vomitaran ríos de bilis y veneno. El que un niño con cáncer expresase su deseo de ser torero, provocó la salida de sus cavernas de personajes extraños que anhelaban su acaecido fallecimiento para que no estoquease a toro alguno. Por no dejar de lado la retahíla de expresiones de felicidad por los suicidios de un cazador y una cazadora bloguera, indicando algún comentarista ignoto su deseo de facilitar la escopeta a una dieciocho añera no muy agraciada en su cara. Parece ser que todo está permitido, menos que el autor del insulto se convierta en sufridor del improperio o la descalificación. Blesa tuvo que soportar el insulto en un restaurante, pero ningún podemita, comensal también, fue capaz de responder al grito desesperado de un venezolano poniéndole en sus narices la hambruna de su país. Es que ellos son copitos de nieve que pueden tomar el sol del verano anclados en el silencio del incomodado, cuando han sido maestros de la ofensa, del escarnio e incluso adalides principales de escenas como la soportada por Rosa Diez en la Facultad de Ciencias Política de la Complutense de Madrid.
Aunque la leyenda de la Orden de la Jarretera alude a “la vergüenza de quién malpiense”, contemplar cómo se promulgan absurdas leyes, mal redactadas y peor articuladas, en contra de la fiesta nacional, no produce esa vergüenza al malpensar que, no es la defensa del toro bravo lo que se persigue, sino la demolición de todo cuanto pueda oler a la esencia tradicional como pueblo, como nación española. Lo español es tan indeseable para algunos que, incluso, se inventan la federación de federaciones y se quedan tan tranquilos con su memez. Lo importante es destruir y no construir. Y es que, detrás de todo cuanto sean capaces de maquinar determinadas mentes, siempre está el mismo elemento: el odio al contrario. Y el contrario es todo aquel que no comulgue con sus ideas. Nadie se disculpará ante el hecho de que la A.N. les haya echado en cara que “Admitir la persecución de ideas que
molestan a algunos o bastantes no es democrático y supone apoyar una visión sesgada del poder político como instrumento para imponer una filosofía que tiende a sustituir la antigua teocracia por una ideocracia”. Algunos personajes, Cifuentes, Dancausa, Levy, no se han dado cuenta, en su bobo engreimiento, que están haciendo el caldo gordo a todos aquellos que han sustituido la “lucha de clases”, caduca y obsoleta, por las políticas de identidad, sea feminismo, sea homosexualidad, sea ideología de género. En este terreno los copitos de nieve proliferan en forma extraordinaria, tanto en la política, como en la prensa, como en las redes sociales, e incluso en determinados estamentos eclesiales.
Un párroco que osó dedicar parte de una homilía a la ideología de género, denunciado y posteriormente liberado por archivo de la denuncia, no ha conseguido el mismo trato de su superior jerárquico. Ahí está, inmerso en un obligado “año sabático” desterrado fuera de su parroquia y, posiblemente de Cataluña. En este caso, el que dicho párroco no se haya visto “amordazado” por una ley impuesta por el lobby orgulloso, no ha sido del agrado de la
jerarquía. Y es que, haciendo abstracción de la persona, esos que convocan a la rebelión contra las leyes llamadas mordaza, encuentran un placer inaudito en aplicarla a los que no piensan como ellos. Y, en esa línea, caen en los errores más incomprensibles y extraños. Ahora Izquierda Unida y PSOE, hablan de dejar sin efecto la Ley de Amnistía de1977, en su ansia de reabrir los juicios sumarios del franquismo contra las víctimas republicanas. Sin embargo, en su ceguera revanchista no tienen presente que también se podrían reabrir los miles de asesinatos cometidos sobre religiosos — entre 7.000 y 10.000 —, o las sacas de las checas madrileñas o barcelonesas, a título de ejemplo. Lamentablemente, hay que insistir en malpensar que lo que les impulsa no es sino el odio hacia un momento de la historia de España que desearían poder borrar. De ahí la próxima demolición de Sa Feixina, aspiración única e inaudita de un alcalde que desprecia informes técnicos con tal de ser el munícipe que firmó el decreto de voladura no de un monolito, sino de un acaecimiento infame que desea que no sea recordado. Y muchísimo menos en un día como hoy, 25 de Julio, Santiago Patrón de España.
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