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Vacío de representación

Por Alejandro Vidal
jueves 17 de agosto de 2017, 19:35h
Presidir el Mallorca debería ser un honor. Lo fue para Jaume Cladera, Tomeu Vidal, Mateu Alemany, Guillermo Reynés o Vicenç Grande –al que ignoré involuntaria e injustamente en mis referencias de días pasados al Trofeo Ciudad de Palma- aunque alguno de ellos no tuviera una función ejecutiva y se lo afeó Serra Ferrer a Gabriel Cerdá quien, como Utz Claassen, nunca debió sentarse en dicha poltrona. Salvo tales contadas excepciones, un avanzado concepto del deber impulsó a hombres como Jaume Rosselló Pascual o Miguel Contestí a presidir la entidad en sus momentos más difíciles. Sin embargo ahora no hay efímera resonancia que impida rechazar las ofertas que, a diestro y siniestro, lanza Maheta Molango sin caer en cuenta de que no hay quien desee dar la cara a su lado. Ni la evidencia le invita a reflexionar, como no lo hicieron Sarver y sus colegas después de la renuncia de Monti Galmés, último mallorquín que no mallorquinista, a sentarse en la mesa de juntas y el palco presidencial.
Está a punto de comenzar una nueva y seguramente inocua temporada sin que, en dos meses, se haya encontrado a alguien con ganas de representar al club al más alto nivel. No ha habido florero que se ofrezca porque el salón en el que va a lucir no resulta lo suficientemente atractivo. A este paso no quedará más remedio que profesionalizar el cargo, pues a cambio de un salario no serían pocos los candidatos. Hablo de un campeonato vacío porque por lo que al Mallorca respecta competir, ganar el campeonato y ascender a segunda división, no es solamente un objetivo, sino una obligación, No nos engañemos. Mientras eso no suceda, y no hay garantías de que lo haga, le institución no tendrá más significado que el de esa presidencia abandonada.
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