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Potenciar aspectos positivos de la vida de los mayores

viernes 25 de agosto de 2017, 01:00h
Sería absurdo y muy negativo para el desarrollo de actividades adaptadas a su edad y a sus posibilidades hacer de la muerte un tabú impronunciable pero tampoco deben las personas mayores hacer de esa realidad el eje de su existencia. Una buena actitud para disfrutar de la vejez es animarlo a que se centre en lo presente, en el aquí y en el ahora sin distorsionar la realidad. Ni se puede vivir lamentando o idealizando el pasado, que ya no es, sólo existen huellas, ni hacer de un hipotético futuro el centro de sus vidas y quehaceres del día a día. El “futuro” tampoco existe (de sistere) sino que, como el resto del “tiempo”, lo vamos haciendo según las circunstancias.

“Vosotros, los blanquitos os ocupáis mucho del tiempo: ¿Qué es más importante quedar a las 19 horas en punto con un amigo o encontrarse -se rencontrer- al atardecer en la plaza del pueblo o de la medina? Vosotros teníais los relojes, nosotros el “tiempo” y los espacios de encuentro”. Eso me recordaban los ancianos de diversas etnias y culturas con las que me relacioné, cordial y respetuosamente, para aprender como ignorante de su realidad que era, excepto por libros escritos por europeos, a veces antiguos colonizadores o misioneros, durante mi año sabático en 20 países de África subsahariana.

Entre otros motivos para ver la posibilidad de crear centro de medicina preventiva en sus universidades públicas que estuvieran dispuestas a cooperar activamente en prevenir las enfermedades y enseñar una forma de vida saludable. Nosotros poníamos el material necesario y ellos sus médicos, enfermeras, analistas y laborantes, así como el controlado uso de los medicamentos que les enviaríamos durante el tiempo necesario. Aún hoy subsisten y se han desarrollado diez Centros de Medicina preventiva que ya funcionan por ellos mismos en países diferentes.

La compensación psíquica es como denominan algunos autores a la nueva estructura psíquica que aparece en el anciano, como forma de neutralizar la propia sensación de finitud, recuerda Rocamora. Se pueden sentir más religiosos, más tolerantes, más solidarios y apreciar los valores de la llamada meditación o “atención plena al momento presente” y que consiste en mantener la atención a una respiración tranquila y sosegada, sin pensar en nada más, sentados o mientras caminan. Y si surgen “pensamientos o imágenes” pues dejarlos que ya pasarán, como las nubes, vientos, lluvias y amaneceres sobre lo alto de los montes.

No enfrentarse a ellos. Es como sentarse tranquilamente a descansar junto al curso de un río: pasarán flotando troncos, o ramas, pero tú no les prestas atención porque sabes que “pasan” como el aire, las nubes, los pájaros o los insectos voladores. Más que criticar este ‘cambio’, habrá que admitirlo y comprenderlo desde la misma necesidad y situación del anciano.

De ahí la importancia de saber sugerir, ayudar a desarrollar con naturalidad los indudables aspectos positivos y creativos de la vejez como depósitos vivos de sabiduría y de conocimientos. En África solía decirse que cuando muere cualquier anciano desaparece una biblioteca/arsenal de conocimientos. Ahora con la profusión de medios digitales, rtv, cine, invasivos, y no pocas veces agresivos, en pocas décadas desaparecerán inestimables e insalvables fuentes de conocimiento.

Los ancianos tienen al menos la capacidad de poder trasmitir serenidad y paz, dice nuestro amigo Rocamora. Su larga experiencia les ha proporcionado una visión amplia de la vida que les lleva a ser más indulgentes y también más solidarios. El anciano que ha sabido ir asimilando el declive propio de la ancianidad, sabrá descubrir los aspectos positivos de su vejez, siempre y cuando se haya preparado para ello.
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