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La desconexión de Catalunya

martes 29 de agosto de 2017, 00:17h

Este lunes fue dada a conocer la proposición de ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república, norma legal que transgrede de forma clara e indubitada tanto la Constitución Española de 1978 como el Estatut d’Autonomía vigente en Catalunya. Los diputados Lluís Corominas y Jordi Orobitg (Junts pel Sí) y Benet Salellas y Gabriela Serra (CUP) la registraron en el Parlament de Catalunya y aseguraron que será aprobada antes del 1º de octubre, fecha fijada para el referéndum de autodeterminación suspendido por el Tribunal Constitucional. En este asunto el Partit Demòcrata Català (PDeCAT) ha cedido a las pretensiones de la CUP, pues los exconvergentes eran partidarios de aprobar dicha ley tras conocer el resultado de la consulta, pero no así ERC ni la CUP, favorables a hacerlo antes del referéndum.

Solo cabe calificar los 89 artículos y tres disposiciones adicionales de auténtico delirio independentista, íntegramente ilegal. La legitimidad de la que deriva esta pretendida ley es un referéndum que no se ajusta a la legalidad, que regula otra ley que está suspendida por el Tribunal Constitucional. Este bucle sin fin de disparates jurídicos uno detrás de otro, alcanza su máximo apogeo cuando se introduce una cláusula suspensiva por la cual una supuesta ley aprobada por el Parlament, flagrantemente inconstitucional, solo entrará en vigor si gana el sí a favor de la independencia y sin embargo, será suspendida si ganase el no. Y todo ello se hace, según afirmaron los diputados que registraron la proposición de ley, en aras de garantizar la “seguridad jurídica”. Si no fuera por lo alarmante de la situación sería motivo de risa.

La situación generada por el bloque independentista ha traspasado todo límite razonable y las apelaciones que aún hoy se oyen desde algunos miembros del PP y también del PSOE, de que los impulsores del “proceso” entren en razón, ya no tienen ningún sentido porque aquí ya nadie escucha otra voz que la suya propia. Y desde esta perspectiva, quebrada ya absolutamente la cohesión social catalana, dividida en dos la sociedad en bandos irreconciliables, los nubarrones no permiten avistar nada bueno de este choque de trenes del que necesariamente habrá muchas víctimas y en el que vencerá el más fuerte.

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