www.mallorcadiario.com

Futuro

Por Eduardo de la Fuente
domingo 07 de enero de 2018, 02:30h

Creo que tomé consciencia del concepto del futuro cuando tenía ocho o nueve años. Cayó en mis manos una cinta de cassette de The Man Machine de Kraftwerk. Durante días escuché absorto aquella música fría, robótica, deshumanizada… Sí, era el sonido del futuro. Poco después, no sé si en 1979 o ya al principio de la década de los 80 del pasado siglo, me hice con el vinilo de The Plastic Age de The Buggles. Me hicieron soñar con un mañana de megaciudades y maravillas tecnológicas. A escondidas leía los cómics de 1984 y Cimoc, que eran «de mayores». Comencé a devorar literatura pulp de ciencia ficción —de «anticipación», como se decía entonces—. Guardo un vívido recuerdo de libritos que ya no conservo. Leí todo lo que publicó un tipo que firmaba como Barbera, no recuerdo el nombre de pila. Escribía novelitas que eran versiones picantonas y desfasadas de Star Trek. Yo quería viajar por el espacio, vivir aventuras, y seducir —o dejarme seducir— por mujeres de carne y hueso, robots o de alguna misteriosa especie alienígena. Así debería de ser el futuro.

Y llegó Heavy Metal… Menuda película. Y después, Blade Runner y Dune. Y el futuro se volvió lúgubre, místico, peligroso…

En la juventud me olvidé del futuro. Éramos nihilistas, nos creímos aquello del no future de los Sex Pistols. No nos interesaba la política, ni lo que decían los puretas, ni los convencionalismos que nos vendían los anuncios de la televisión. El futuro había dejado de existir porque el hoy lo había devorado.

Ya en la madurez, Robert A. Heinlein me enseñó lo que era el futuro: una distopía. Gracias a Carl Sagan y a Michio Kaku conocí la escala de Nikolái Kardashov, el hipotético modelo de lo que debería ser la evolución de nuestra civilización en el caso de que no nos matemos los unos a los otros.

De niño lamentaba que sería demasiado viejo para viajar a las estrellas en el año 2000. Llegó el año 2000 y no pasó nada. Ha llegado el 2018 y sí, soy más viejo, pero todavía seguimos anclados en nuestro planeta.

Por eso desconfío del futuro.

He perdido la cuenta de las veces que he escrito noticias anunciando la reforma de la barriada palmesana de Corea, los planes de desestacionalización turística del Ayuntamiento o el desmantelamiento de Son Banya… Hace veinte años leí que el petróleo se iba a acabar en veinte años. Hace 30 años leí que la superpoblación del planeta sería insostenible en 30 años. Vi morir a Franco y puedo asegurar que la palmó, aunque no dejen de hablar de él como si estuviera vivo.

Nada ha cambiado, todo sigue igual.

O peor.

Dicen los que nos gobiernan que este 2018 va a ser «un año de cambios». He visto demasiados «años de cambio» como para creerlos.

Ojalá pudiera.

Me gustaría que leyeran aquellos libritos «de anticipación». Que escucharan a Kraftwerk. Que vieran Blade Runner. Me gustaría hablarles del mágico Loc-Nar, del agente Murphy, de los cerdos Squealer y Napoleón, del universo de Heinlein, de los Borg, de tantas y tantas cosas…

Pero hay tan poco tiempo. Doce uvas nos envejecen a todos.

Ideas caducadas, promesas vacías, sueños muertos. Eso es el futuro. Me gustaría escribirles lo contrario. Pero esa es otra historia…

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
2 comentarios
Compartir en Meneame