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Los demonios tienen pilila

Por Eduardo de la Fuente
domingo 14 de enero de 2018, 04:00h

Esta semana he recordado los últimos meses de la legislatura de Jaume Matas previos al advenimiento del Pacto de Retroceso. Aquello era un no parar de anuncios y primeras piedras. Cada mañana nos levantábamos con la fotografía de un conseller doblando el espinazo, pala en mano, simulando darle a la albañilería, con su casco y todo… Había que poner tantas primeras piedras como votos conseguir. Mallorca corría el riesgo de convertirse en un enorme marge, un muro de piedra en seco. En la presente legislatura la cosecha de primeras piedras llega temprana, a un año y medio de las elecciones.

Vimos hace unas semanas como nuestra presidenta no estaba dispuesta a quedarse sin foto oficial de la apertura del Túnel de Sóller por mucho que la concesionaria le hubiera reventado la fiesta. En estos días se han ido todos juntitos a la barriada del Molinar a anunciar una promoción de VPO en un descampado. De que van a chapar la biblioteca del barrio no han dicho ni pío. También se han paseado por la Ciudad Jardín a colocar dos pancartas que parecen pizarras de menú de bar de barrio porque van a construir una residencia. El más cachondo ha sido el conseller de la cosa medioambiental, Vicenç Vidal, que ha posado con un tractor que han comprado para el Ibanat porque —según reza la nota de prensa— «esta renovación es importante para llevar a cabo un trabajo de calidad». Vidal ya tiene su tractor amarillo… Van como motos.

De todos, el proyecto que más mola es la cabezonería que tiene el alcalde de Palma con el Paseo Marítimo. Toni Noguera se ha inventado un mantra que repite en radios y televisiones: el Paseo Marítimo de Palma fue «la primera autopista construida en España en 1978 con seis carriles». Existe cierta controversia de lo que podemos considerar la primera autopista de España. En la década de los años 50 se hicieron algunas vías parecidas y ya a mediados de los 60 se puede hablar de autopistas tal y como las conocemos. A Noguera —que nació en 1979— lo del Paseo Marítimo se le debe antojar cosa mala medio franquista o algo así, pero lo que se dice autopista… A mí no me lo parece. Noguera debe estar poco leído o poco viajado. Si alguno de ustedes ha visitado París sabrá de lo que hablo. No sé qué consideración tendría Noguera de los Campos Elíseos o de la rotonda del Arco del Triunfo. Joder, aquello sí que es grande. Una rotonda así no la hace ni Maria Antònia Munar en sus buenos tiempos del desdoblamiento de la carretera de Manacor.

Las autopistas son como la kryptonita de los progres. He flipado esta semana con la tontuna que les ha dado a los de Podemos de Madrid. Cuando escuché la noticia en la radio pensaba que era una exageración de los que cargan contra el ayuntamiento de Manuela Carmena. Luego escuché a Rita Maestre, la piji-modelo-asaltacapillas-torsodesnudo, rajar del asunto y me vine abajo. Era verdad. Resulta que el consistorio madrileño se ha gastado unos 30.000 eurazos en encargar un estudio sobre el impacto de género del soterramiento de la M-30. El estudio concluye —como no puede ser de otra manera— que no se puede establecer que el soterramiento de la M-30 haya causado un impacto de género. Vaya linces, por cien eurillos yo hubiera llegado a la misma conclusión y encima les regalo un llavero de recuerdo.

Esto pasa porque el feminismo se nos ha ido de las manos. Cualquier persona —bueno, tal vez un cani que escucha trap, reguetón y esas mierdas no alcance a entenderlo— coincidirá con la idea de que aún queda mucho por hacer para superar ideas y comportamientos machistas presentes en nuestra sociedad. Otra cosa es que por haber nacido con pito se nos convierta a los hombres en brutos supurantes de testosterona y culpables de todo.

Tengo la fea costumbre de escuchar la radio, y hace unos días me topé con un ejemplo de feminismo descerebrado. Va una colega de una asociación o colectivo autodenominado antipatriarcal y se pone en plan Baader – Meinhof. Suelta que las fiestas de Sant Antoni son machistas porque «como todo el mundo sabe los demonios no tienen sexo y se representan como demonios hombre. Las niñas no pueden participar en las fiestas o tienen que vestirse de demonios hombres». Lo reconozco, se me cayeron las pelotas al suelo. La cenutria esta no ha oído hablar de íncubos y súcubos, masculinos los primeros, femeninos los segundos. Eso por no pedirle —imagino que será demasiado para ella— que se dé un paseo por el vasto panteón de dioses, demonios y demás seres mitológicos de la vieja Sumeria, lugar común del que emanan en buena medida creencias y leyendas presentes en cultos posteriores. Y se lo pongo aún más fácil: basta que se acerque en estos días a cualquier colegio concertado de monjitas y verá a niños y niñas vestidos de diablillos y diablesas. Y ahí no hay ni machismo ni problema de género alguno. Si la mendruga se permite un mínimo esfuerzo mental puede repasar por encima la literatura gótica de terror o la inmensa filmografía de lo sobrenatural para encontrar entidades malignas de género femenino. Tanto luchar para conseguir el derecho a votar para que luego venga una indocumentada a contar milongas de demonios machistas. ¿De verdad no hay nada más importante? El feminismo no era esto.

Lo más cafre de la semana lo hemos visto en el Casal Solleric de Palma. Algún programador cultural ha pensado que lo iba a petar con la performance de una nipona loca que se llama Minako Seki y que baila raro en plan «me ha dao un tabardillo porque he pillao el tétanos» al son de un violonchelista vestido con un pijama rojo que parece un oompa loompa pasado de chocolate Willy Wonka caducado. La chinorris hace cosas muy raras… Se descuelga por una barandilla —que si lo hago yo se viene abajo la escalera porque estoy hermoso y ella está biafreña— y, por lo que he visto en algunos de sus chous, acaba medio en pelotas y desmelenada porque eso es muy moderno. Si lo hacen gratis, pues vale. Me aterra sospechar que les hayan pagado dinero público por semejante dislate.

En fin, año nuevo, tonterías de siempre. Poco tiene que ver con lo expuesto hasta ahora, si bien no puedo cerrar esta columna semanal sin un recuerdo para Fast Eddie Clarke, que nos ha dejado a la edad de 67 años. Con él muere el último de los «tres amigos», el único miembro original de la mítica e imprescindible banda Motörhead que quedaba con vida. Mi tocayo, Philty Animal Taylor y Ian Fraser, alias Lemmy Kilmister, la deben estar liando parda en el Infierno. Satanete estará harto de ellos, seguro que los manda de una patada con San Pedro. Eran ruidosos, pero buena gente. Me gustaría hablarles de lo que representan, de su importancia y legado, de cómo han marcado la vida de millones de personas. Pero esa es otra historia…

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