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La risa es el lenguaje del alma

El pasado lunes 20 de febrero se celebró la fantástica gala de entrega de los VI Premios Onda Cero Mallorca en el Auditorium de Palma. Fue un auténtico placer poder asistir a este evento más que consolidado, que contó con la asistencia de más de mil quinientos invitados entre autoridades, premiados, patrocinadores, oyentes y representantes de la sociedad balear, para homenajear a los diecisiete galardonados de esta edición. Desde aquí, enhorabuena a todos los elegidos para este más que merecido reconocimiento a una labor y a unas trayectorias dignas de toda admiración y, como no puede ser de otro modo, también a la organización y al jurado, por haber otorgado estas distinciones a personas y entidades que tanto hacen por los demás, cada uno en su concreto ámbito.

Resulta del todo injusto pretender situar a unos premiados por encima de otros y, desde luego, nada más lejos de mi intención, aunque debemos reconocer que algunos de los galardones calaron especialmente en la audiencia: ocurrió en el caso de Donavida Balears-Unidos por la médula, en la categoría de Solidaridad, una iniciativa de un grupo de voluntarios sin ánimo de lucro que llevan a cabo una gran labor contra la desinformación existente sobre la donación de médula ósea; con el reconocimiento a los Donantes de Sangre, como elemento esencial de nuestro sistema sanitario canalizado a través del Banco de Sangre de Baleares; con el fantástico trabajo, en educación, del I.E.S. “Juníper Serra”, que ha logrado situar la formación profesional en el epicentro de una oferta educativa excelente; o con el ovacionado y entrañable párroco mallorquín Bartomeu Suau Serra, un ejemplo para todos por toda una vida dedicada a desarrollar apasionantes iniciativas socioeducativas para ayudar a niños, jóvenes y familias enteras en Mallorca, destacando su excepcional trabajo en el club d’Esplai Jovent en Sa Indioteria de Palma.

Todos los premiados merecen todo el reconocimiento y nuestra felicitación, pero me gustaría detenerme en el premio otorgado, en la categoría de Arte, a Agustín Martínez “El Casta”. Este mallorquín nacido en Guadix (Granada), es un auténtico genio, una de esas personas que nacen con un don, con duende. Este humorista único, cuya mayor afición es Mallorca y los mallorquines, que cautiva sin necesidad de mediar palabra, con una simple mirada o un gesto, hizo las delicias de los asistentes con unos minutos de auténtica locura que nos recordaron a todos lo terapéutico y saludable que es reír. Se detiene en lo cercano, en lo que a todos nos pasa cada día en casa, en nuestro trabajo, en nuestro día a día en nuestra querida y amada Mallorca, y le da su auténtica dimensión a través del humor. Nos está dando auténticas lecciones gritando a los cuatro vientos que la vida es mejor vida con sentido del humor, que debemos comenzar riéndonos de nosotros mismos, de nuestros errores, de nuestras manías, de nuestras costumbres y de nuestra forma de ser. Todos tenemos cosas que compartir y de las que reírnos con los demás. Cierto es que en ocasiones la vida nos borra la sonrisa de un plumazo y tenemos también todo el derecho del mundo a llorar, patalear e indignarnos cuando hay motivos para ello. Faltaría más. De hecho, eso tampoco debería ser una opción: hay que llorar, hay que enfadarse, hay que exteriorizar lo que percibimos, sea bueno o no tan bueno porque, al fin y al cabo, lo necesitamos. En última instancia, estamos hablando de sentir y transmitir lo que sentimos. Nada más humano que eso.

Pero volviendo a la gala del pasado lunes, muchísimas gracias Agustín por recordarnos a todos lo que puede llegar a iluminar una sonrisa. ¡Gracias por ese broche de oro a una velada tan especial! Y es que no tengo dudas, “la risa es el lenguaje del alma” (Pablo Neruda), es el reflejo más íntimo de la persona, algo puro, exento de vicios, algo que nunca cansa y que suena de manera especial en las ingenuas cuerdas vocales de los más pequeños. Es algo contagioso, pero con un enorme poder curativo, casi mágico. Y llegados a este punto, les voy a confesar algo: vivo en la misma calle que “El Casta”, pero manteniendo un comportamiento de los más mallorquín, nos limitamos a darnos los buenos días o las buenas noches cuando nos encontramos. ¡Aleeerta! No nos conocemos ni nos han presentado, pero existe esa relación de vecindad. Eso sí, me he prometido a mí mismo que en nuestro próximo encuentro fortuito hablaré con él. Y lo haré porque creo es de justicia felicitarle por el premio recibido, por su fantástica trayectoria, por el estreno de su nuevo espectáculo en el Café de Cala Gamba pero, sobre todo y por encima de cualquier otra cosa, por el hecho de dedicar su vida, su genio y su arte a hacer reír a los demás.

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