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El catalanismo es un fraude

Creo que Gramsci tenía razón cuando afirmaba que para obtener el poder político antes hay que conquistar el poder cultural. El éxito, relativo, de los separatismos en España es un ejemplo de esta teoría.

Los nacionalistas catalanes se han distinguido desde el principio por su estrategia a largo plazo, por planear sus acciones con los ojos puestos en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones. Una estrategia basada en el fraude histórico y político.

Ya Rovira i Virgili (al que hemos dedicado una calle en Palma) explicó que el objetivo primordial debía ser la infancia. El periódico Nosaltres sols! explicó en 1931 la estrategia a seguir con los niños: “La única solución sería la de instruirlos, algo casi imposible si pasan de la treintena: árbol que creció torcido, difícilmente se endereza. Pero si de las generaciones de ahora no podemos esperar gran cosa, ¿cabe pensar lo mismo de las que llegan y las que vienen? Los niños y los jóvenes son dúctiles como la cera, y adoptan la forma que se les quiera dar”.

Sesenta años después, en los años 90, se destapó el documento interno de la corrupta Convergència con el que diseñaban una sociedad totalitaria al servicio del nacionalismo: “Incidir en la formación de los periodistas para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana, introducir gente nacionalista en todos los puestos clave de los medios de comunicación, conseguir que los medios de comunicación pública dependientes de la Generalidad sean transmisores eficaces del modelo nacional catalán, crear una agencia de noticias catalana de espíritu nacionalista, impulsar el sentimiento nacional catalán de profesores, padres y estudiantes, reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza, vigilar de cerca la elección de este personal, incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas, y velar por la composición de los tribunales de oposición”. Textual. ¿Cabe mejor definición del totalitarismo?

Aunque resulte difícil de aceptar, un régimen totalitario también puede nacer de las urnas y escudarse tras ellas gracias a la incomparecencia política y cultural del adversario. Como ha revelado José Bono en sus memorias, Pujol explicó al ministro socialista Francisco Fernández Ordóñez que “la independencia es cuestión de futuro, de la próxima generación, de nuestros hijos. Por eso tenemos que preparar el camino con tres asuntos básicos: el idioma, la bandera y la enseñanza”.

Este movimiento nacionalista, totalitario y expansionista, necesitaba crear, inventar, una historia que lo justificara. Uno de los padres del fraude histórico y político del catalanismo fue Prat de la Riba (al que también hemos dedicado una calle en Palma). Ordenó que la construcción de la “Gran Cataluña” debía incluir a Valencia y Baleares. Primero con la cultura. Después con la política. Ejemplos de ello los hay a miles en Baleares: Desde negar y prohibir oficialmente la existencia del mallorquín, menorquín e ibicenco como modalidades de esa lengua balear que cuenta con 10 gramáticas anteriores a la primera codificación oficial del catalán por el químico Pompeu Fabra en 1918, hasta tergiversar y manipular los incontestables hechos históricos que desmontan la aberrante teoría de la “catalanidad de Baleares”.

El caso es que los de la esquizofrenia nacionalista insular, cual enfermedad inoculada (son nacionalistas de otro lugar, de Cataluña, no de Baleares), creen que tenemos más lazos de unión con Cataluña que con el resto de España considerándolo suficiente motivo para querer unirse a las locuras de sus separatistas. Su enfermedad les impide aceptar que fueron los catalanes, usando su terminología, lo correcto sería decir el rey de Aragón, los que usurparon su reino, su “independencia”, como colofón a años de injerencias.

Fueron los que le hicieron la vida imposible al rey Jaime III hasta derrocarlo y asesinarlo en la batalla de Lluchmajor el 25 de Octubre de 1349, desapareciendo así el reino privativo de Mallorca que pasó a ser anexionado a Aragón. Su adorada y falsa “Cataluña” fue la que un día les dejó sin independencia.

Así y todo, algunos hace años que nos propusimos acabar con la incomparecencia cultural. Una nueva ocasión para “comparecer” será este domingo 25 a las 12h en el “Camp de sa Batalla de Lluchmajor”. En el mismo lugar y el mismo día donde murió el último rey de Mallorca a manos de Pedro IV el Usurpador hace 666 años. Las organizaciones que defendemos la identidad cultural de Baleares hemos organizado un acto, abierto a la ciudadanía, para recordar unos hechos históricos importantes en la forja de la identidad de Baleares y, por tanto, en la del conjunto de España. Una nación resultado de las aportaciones de todos los pueblos que la componen, incluido el catalán, y el nuestro. Sin fraudes.
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