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Incremento del contrabando de tabaco

El servicio de Vigilancia Aduanera ha interceptado en aguas del Mar Balear un barco de notables dimensiones cargado de tabaco de contrabando. Hacía mucho tiempo que no se producía una captura de estas características, pero el espectacular incremento del precio de los cigarrillos en los últimos (casi el 80 por ciento del valor de las cajetillas son impuestos que van a parar a las arcas del Estado)  implica, por desgracia, que el tráfico ilegal de cigarrillos se convierta en un gran negocio. El tabaco no es un hábito, ni un vicio: es una adicción fortísima, literalmente imposible de superar para millones y millones de ciudadanos, que cuando se convirtieron en fumadores ignoraban que caían en una dependencia en infinidad de casos insuperable que acaba por determinar sus vidas. En paralelo, un Estado necesitado de recursos ve en el tabaco un excelente instrumento de recaudación. Por un lado parece que lo combate, prohibiendo su consumo en lugares cerrados, pero por el otro consiente y controla una amplísima distribución que le reporta un inmenso copio de recursos. Esta situación no es propia sólo de España. Pasa lo mismo en toda la Unión Europea. En muchos de sus Estados el tabaco es aún más caro. Pero el resultado es el incremento del tráfico illegal. Cuanto más sube el precio oficial de los cigarrillos o del tabaco en botes, más crece el contrabando.Se va creando así una espiral muy peligrosa, ya que no pocos consumidores, impulsados la necesidad, acabarán por introducirse en circuitos ilegales para adquirir este producto adictivo. Y en algunos casos, para sumarse a la distribución, sobre todo en tiempos como los actuales, marcados por la crisis y el desempleo. En Baleares, comunidad turística de masas, hay un mercado impresionante para el tráfico de tabaco ilegal. Las costas no son fáciles de controlar. Y en el Mediterráneo hay no pocos paraísos de compra de cartones de rubio americano a muy bajo precio, comenzando por Gibraltar. No es bueno para nadie lo que está pasando. La victoria sobre el tabaquismo pasa por una mayor implicación de los poderes públicos. No bastan las campañas sobre los efectos perniciosos de los cigarrillos. Hay que ayudar de verdad a los millones de ciudadanos que quieren dejar de fumar y no pueden. Y aquí el rol fundamental está en manos de la Seguridad Social, con asistencias médicas y apoyos psicológicos. Con los esfuerzos que hagan falta. Sólo a partir de este contexto de gran compromiso público para que todos los que deseen abandonar el tabaco puedan conseguirlo se puede entender que el Estado haga pagar precios muy altos para poder fumar. Esta sería, la mejor victoria sobre el contrabando, actividad que, se mire como se mire,  requerirá cada vez más acciones públicas, con el coste en recursos públicos que ello supone.  
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