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Turistas semidesnudos

Cuando se acerca la hora de la aplicación de la ordenanza de convivencia cívica, que prohibe a los turistas ir con el torso desnudo en Palma, entran dudas sobre como se podrá llevar a la práctica esta norma sin que se produzcan escenas contraproducentes o de indignación por parte de visitantes que pueden verse sancionados. Es una cuestión mucho más delicada de lo que parece.

El teniente de alcalde Alvaro Gijón dice que en ninguna ciudad del mundo se ven turistas semidesnudos por sus calles. Y tiene razón. Pero Mallorca se vende en toda Europa como destino de sol y playa. Es decir, destino de bañador. Esta es la imagen que se ha proyectado desde hace más de medio siglo. Y a este reclamo acuden cada año millones y millones de europeos provinientes de los países fríos, donde van tapados hasta las orejas todo el año por pura necesidad de sensación térmica.

Es evidente que ni París ni Roma venden sol y playa. En consecuencia, muchos turistas sin duda pondrán cara de asombro si se les multa en Mallorca por exhibir bañador o bermudas a pecho descubierto en la Plaza de España, por ejemplo. ¿Cómo pueden distinguir ellos, recién llegados, la diferencia entre el Paseo Mallorca o el Paseo Marítimo? En el primero no se permitirán los torsos desnudos, en el segundo sí.  ¿Pero qué sabe un turista de a qué distancia se encuentra del mar cuando transita por la isla del sol y playa? Habrá despistes de todo tipo. Más de uno acabará mareado para tratar de saber donde puede quitarse la camiseta y donde le está vetado.

Lo más importante es entender que hay que mimar a nuestros clientes, porque de ellos depende nuestra subsistencia. ¿Qué pasará cuando empiecen a contar en Dusseldorf o en Hamburgo que en Mallorca ponen multas por ir en bañador? Habrá chistes. Incluso algún exagerado desinformado llegará a decir que los mallorquines exigen a los turistas que se bañen con traje y corbata y a las mujeres con vestido de noche.

Hay que ir con mucho cuidado en la aplicación de estas normativas, que en pleno verano son altamente restrictivas se mire por donde se mire. Sería necesario que los políticos de Cort pidiesen a los Policías Locales el máximo tacto en la ejecución de la ordenanza. La sanción ha de ser un ultimísimo recurso. Lo más aconsejable es que se dirijan a los turistas semidesnudos con la máxima educación y tacto  y que les pidan por favor que se tapen un poquito. También sería conveniente potenciar la formación idiomática de los agentes, no fuese que por alguna incomprensión la cosa llegase a mayores. El turismo de sol y playa también es, a menudo, turismo de cerveza y alegría. Es así. Y tanta relajación exige grandes dosis de diplomacia por parte de los servidores de la ley.

En materia turística, la tolerancia es tan importante como la seguridad. La una es inconcebible sin la otra. Es más, entra de lleno en el mantenimiento de nuestra imagen como destino único, donde se siente, se percibe y se disfruta  libertad protegida por todos los poros del cuerpo.
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