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Una bomba de relojería llamada Punta Ballena

El estallido del escándalo del mamading el pasado julio con el video publicado por este digital ha sido una explosión de consecuencias impresionantes, tanto mediáticas como judiciales. Pero cada vez está más claro, conforme a las pruebas que están apareciendo, que la tensión venía de muy lejos.

El espionaje de policías y empresarios se remonta al verano pasado. Sólo era una cuestión de tiempo que esa bomba estallase. Es más, había todo tipo de comentarios desde hace tiempo. Unos empresarios se sentían discriminados respecto a otros  por el trato que recibían de los agentes. Es imposible que esta información no llegase a la cúpula de gobierno del Ayuntamiento, cuando además había detectives y pruebas de por medio.

Si el alcalde Manuel Onieva hubiese actuado más a tiempo y cogido el toro por los cuernos cuando escuchó los primeros campanazos (que no rumores) de los hechos de Punta Ballena, es posible que no se hubiera llegado al grado actual del escándalo.

En parte hay que comprender a Onieva. Se trata de un terreno muy resbaladizo donde un paso en falso habría producido efectos políticos graves. Es muy común en muchos políticos prudentes (y Onieva lo es) dejar pasar el tiempo y esperar que las cosas se resuelvan por si solas o con intervenciones de mucho tacto y que no desaten tempestades mediáticas. El error de Onieva tal vez ha sido no ver que tenía en sus manos una bomba con el mecanismo en marcha que ya era imposible de desactivar. Ahora tiene a su jefe de Policía en la cárcel y los nombres de Magaluf y de Calvià se pasean de forma peyorativa por toda Europa.

Es muy importante señalar que los males de Calvià vienen de muy lejos. Pero también es cierto que han ido a peor después de cada equipo de gobierno que ha pasado por el consistorio, sea del PP o del PSOE o de otras formaciones. La génesis de la disfunciones de Magaluf se remonta a hace cuarenta años, cuando estalló la crisis del petróleo y el principal mercado emisor, Gran Bretaña, entró en una profunda crisis de paro. Había que mantener clientes como fuese. Nació así el famoso turismo de alpargata. Los tour operadores de la época pugnaban por ofrecer precios muy bajos mientras el alcohol se convertía cada vez más en negocio redondo. Los esfuerzos por dignificar Magaluf han sido importantísimos a partir de los años ochenta, década en la que por cierto dimitieron de forma muy extraña do jefes de la Policía Local. Pero Punta Ballena ha subsistido como el lugar sin ley  hasta nuestros días.

Es una carga durísima para Manuel Onieva, que no ha sabido actuar a tiempo, si bien sobre sus hombros pesan ahora décadas de insoportable tolerancia en esta zona. No es fácil cambiar malos hábitos de cuarenta años en sólo un mandato.

Y es posible que Manuel Onieva pague políticamente dejadeces que en parte son endémicas. Pero su deber era lanzarse a la arena hace unos meses y no lo hizo. Actuó de forma honesta y seria, pero políticamente difícil de justificar.
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