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El néctar divino de Burdeos

Por Margalida Colom
…Y a quien otros llaman vino/ porque nos vino del cielo… (Baltasar de Alcázar)
Algunos de ustedes se preguntarán el motivo por el cual hoy he decidido hablarles de viñedos, aun más concretamente de la zona del sudoeste de Francia, siendo la región de La Rioja en España y en Mallorca las bodegas Binissalem, Macià Batle… entre muchas otras, tan fructíferas y archiconocidas.

La clave reside en el paseo fluvial del que he disfrutado unos días por el estuario de la Gironda donde confluyen el río Garona que nace en el Pirineo español y el río Dordoña. La navegación comercial se remonta a la Edad de Bronce, pero es en el siglo XII cuando el comercio del vino se intensificó gracias a la anexión de estas tierras (matrimonio de Leonor de Aquitania) al trono de Inglaterra. Ya en el siglo XVII, Vauban, comisario general del rey Luis XIV, construyó un fuerte en Blaye (visita de la ciudadela) además de Fort Médoc y Fort Paté, para protegerse de la amenaza de otras flotas. Estas fortificaciones forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2008 y también, desde un año antes la ciudad de Burdeos, llamada pequeña París por los monumentos que alberga como el Grand-Théâtre y la plaza de la Bourse. Hoy, además de ser una ciudad cargada de historia evoca al mundo entero la elegancia y la nobleza del vino y de sus gentes.

La diversidad de paisajes: dunas, albuferas, llanuras aluviales, colinas, acantilados y cuevas; las mareas que dan paso al océano dos veces al día en las tierras del viñedo y la humidificación del aire son los causantes del microclima que favorece el crecimiento de la vid, y han determinado las distintas zonas vinícolas de Burdeos. En la zona norte el suelo es filtrante, seco y caliente y de ahí parten las seis denominaciones de origen del vino del Médoc que son Margaux (isla de gran tamaño cubierta de 14 hectáreas de viña), Listrac, Moulis, St Julien, Pauillac, y St Sstephe. Las uvas rojas del Cabernet Sauvignon producen vinos con aromas de tabaco y sotobosque, y las blancas incorporan ciertos aromas cítricos. El suelo del Entre-deux-Mers es un suelo seco y húmedo, más propio de los vinos blancos secos como el de la uva Muscadelle o Sémillon. Luego los suelos de la ribera derecha de la Dordoña y de la Gironda hacia St. Emilion (en las cavas subterráneas “Les Cordeliers” elaboran el vino efervescente denominado Crémant de Burdeos), Pomerol y Libourne son húmedos y frescos y producen grandes tintos: El Cabernet franc con taninos a controlar y aromas frutales y El Merlot con taninos finos, y aromas de champiñones, trufas y pequeños frutos rojos. Cada una de las apelaciones de los vino descansan y envejecen en los “châteaux” según su origen. Los nombres de los castillos hacen referencia a cada uno de sus propietarios. Algunos de estos fueron construidos en la Edad Media, a pesar de tener en sus bodegas un sistema de elaboración muy actualizado y diferente al método americano usado en nuestro país. La producción en Burdeos es del 89% de vinos tintos y las últimas mejores cosechas pertenecen a los años 2009, 2012 y 2016.

El proceso desde el comienzo es largo. En diciembre se cortan los brotes de las vides y se dejan a una misma altura, en el mes de marzo se revisan y se doblan hacia abajo hasta el mes siguiente que se deben quitar los pámpanos que no se han abierto y se produce la elevación en mayo y la eliminación de hojas secas en junio, ya en agosto se procede a la recolección, prensado, extracción y separación final. Los jornaleros españoles pronto se desplazarán al país vecino para la vendimia, aunque debido a las heladas de la primavera este año habrá un descenso de la producción. En cambio, aquí la uva ha madurado antes y se ha adelantado una media de doce días por la fuerte ola de calor sufrida, aunque se espera que la cosecha del 2017 sea de gran calidad y de buenos y frescos aromas. En cualquier caso, los profesionales, enólogos y restauradores son los encargados de la densidad de las mezclas y del resultado del producto final.

Esta escapada vacacional es totalmente recomendable no solo para los amantes del vino y la excelente gastronomía francesa, sino también para los que gustan del relax y la tranquilidad en un ambiente elegante y señorial. Aunque esta próxima temporada será mejor degustar el vino de nuestra tierra, brindemos como los galos: ¡Santé!
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