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La Marca España

Por José A. García Bustos
sábado 24 de febrero de 2018, 02:00h

En los últimos meses se ha intensificado una campaña de desprestigio de la imagen de España. Ha aparecido un artículo en The Times recordando los tópicos rancios y recurrentes, un holandés residente en Barcelona ha publicado un libro donde saca a relucir los colores del español medio y sobre todo se ha dado una oleada de comentarios en las redes sociales, en especial Twitter, de parte del ala más dura del independentismo catalán aprovechando el hashtag #MarcaEspaña.


Tengo claro que, desde Madrid, la gestión de la cuestión catalana en los últimos ocho años ha distado mucho de ser la que debería haber sido pero también hay que decir que la ejecución del procés por parte de los independentistas ha dejado mucho que desear. Declarar la independencia y suspenderla a los pocos segundos, huir al extranjero, negar la marcha de las empresas, no encontrar apoyos en ninguno de los Estados Miembros y negar la mayor ante la justicia española argumentando que todo era una broma, no ha sido el escenario que los independentistas de corazón esperaban.


Tras haberse abortado la independencia, el rencor hacia el Estado ha motivado la intensificación del desprestigio. El objetivo es hacer ver al resto del mundo que España es un país intolerante, opresor con quien no piensa diferente y que no respeta los derechos civiles.


De ahí que se intente ridiculizar cualquier acción por pequeña que sea. Esta semana, los ataques han venido por la condena de Valtonyc, la prohibición de un libro sobre el narcotráfico, la censura de una exposición en iFEMA sobre presos políticos (¿?) o hasta la casi detención de un actor cómico disfrazado de Puigdemont.


Todo vale para desprestigiar España. Una vez manchado su nombre, quizá algún dirigente europeo empiece a pensar que aquí todo se hace mal y es una república bananera.


Cualquier persona con mentalidad analítica sabe que un análisis de cualquier situación requiere una visión 360 grados, es decir, un DAFO, o lo que es lo mismo, puntos débiles y fuertes, de dentro y de fuera, de ahora y de futuro. El ataque al que se está viendo sometida la marca España recoge a diario las D y las A (Debilidades y Amenazas) pero, por motivos obvios, pasa de largo las F y las O (Fortalezas y Oportunidades). No interesa lo positivo. El objetivo es debilitar al Estado, llamar la atención a nivel internacional y ganar adeptos a la causa, cosa que aún no se ha conseguido.


Amnistía Internacional acaba de denunciar un retroceso en la libertad de expresión en España. Seguro que no se están haciendo las cosas de la mejor manera pero no por eso España deja de ser un gran país, con sus Debilidades y Amenazas pero también con grandes Fortalezas (a nivel de historia, tradiciones, crecimiento económico, cultura y gentes) y grandes Oportunidades en una Europa en la que cada vez pinta más. Cataluña le debe mucho a España y España le debe mucho a Cataluña.

De los temas anteriores, quisiera mostrar mi opinión sobre el caso Valtonyc. Nada que decir contra la sentencia del Tribunal Supremo que es impecable en la interpretación literal de las leyes. Nada de que la justicia ha volcado su ira sobre Valtonyc como se dice por ahí. La justicia ha interpretado la ley de manera exquisita.


Este rapero ha dicho auténticas barbaridades amparadas en su derecho a la libertad de expresión, olvidando que los destinatarios tienen familia, derecho al honor, a la integridad moral y a la imagen, bienes jurídicos protegidos al máximo nivel.


Dicho esto, considero desproporcionado que vaya a prisión. Y lo digo porque un chaval de menos de 20 años, cuando compuso esas letras, debe ponerse en contexto. Se le debería valorar la pena con la atenuante hormonal e intencional. Todos hemos sido jóvenes y hemos dicho cosas que ahora nos cuesta reconocer. Pero eran meras palabras. Nada más lejos de nuestra intención. Con la testosterona a tope y con un micrófono se puede sentir como el tipo más duro del barrio. Además de las hormonas y empuje de la edad, una interpretación literal de sus letras no es lo más adecuado. Debería atenderse a la intencionalidad que dista mucho de causa violencia física. Sin conocerlo personalmente, no creo que el rapero se atreviese a nada si se cruzara por la calle con cualquiera de los amenazados.


Si yo hubiera sido Jorge Campos de Círculo Balear, habría invitado a una cerveza a Valtonyc y, cara a cara, dudo que el chaval hubiera mantenido sus amenazas. En un estudio de grabación o sobre un escenario hay que representar un personaje y contentar a sus seguidores y seguidoras. En la mesa de un bar, aparece la persona más allá del personaje. Apostaría que al acabar la conversación habría cierta relajación de posturas.


Pero para tomarse una cerveza con quien te insulta o amenaza, más cuando es de manera desproporcionada e injustificada a todas luces, hay que tener varias cosas: Ganas de afrontar y resolver el conflicto y empatía para entender por qué el de enfrente actúa así. Resolver conflictos o saber escuchar no es lo que mejor se nos da y la empatía es un bien que escasea en estos días en los que solemos mirarnos el ombligo. Estos sí que son puntos débiles y, por tanto, susceptibles de ser mejorados. Y no solo por parte de la Marca España.

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