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La sharia occidental

Por Francisco Gilet
miércoles 28 de febrero de 2018, 02:00h

La imagen del primer ministro canadiense Trudeau disfrazado, que no vestido, a la usanza hindú, junto a su esposa e hijos, no es sino el símbolo global de lo que está aconteciendo en el mundo occidental gracias a estúpidos como el susodicho político. Estúpido de estupidez pues, aunque canadiense e hijo de canadiense, no se ha apercibido que está siendo manejado por unos millones de personas que se sienten no como él, sino como “los demás”. A Trudeau no le han votado y por lo tanto elegido los canadienses sino los millones de inmigrantes que han convertido a Canadá en lo que el ministro califica como un Estado post nacional. Y ahí está luciendo su indumentaria demasiado india, incluso para los propios hindúes, acusándole a él y a su familia de haberse vestido como para ir de boda. Así las cosas, el Justin Trudeau, pretendiendo hacerse con varios centenares de dólares canadienses de inversión hindú, invita a un independentista sij a la cena en la embajada canadiense. Obviamente, al gobierno de la India no le satisfizo en exceso el gesto, que no era sino una constatación más del aprecio de primer ministro hacia esos 450.000 sijs que viven el Canadá y que simpatizan con su Partido Liberal. Ese “amor” ya ha dado sus frutos; cuatro de sus ministros son de origen sijs.

Y si en Canadá ya han establecido ese Estado post nacional, en Londres los pakis, ya se permiten instalar en la alcaldía de la ciudad británica, con un cuarenta por ciento de población de minorías étnicas, a un representante del líder del grupo “Nación del Islam”. Quizás estamos más cerca los occidentales de convertirnos en “los demás”, perdido el sentido de nuestra conciencia europea por un absurdo buenismo, multiculturalismo y vergüenza boba de cuanto nos ha acompañado por generaciones. Como dato añadido, en el pueblo de Lille en Francia, un partido islamista legalizado e inscrito, se convirtió, gracias al voto inmigrante musulmán de dicho pueblo, en partido bisagra. Y desde ahí, exigió la segregación de sexos en la piscina pública del pueblo, a lo que accedió la Alcaldesa a cambio del apoyo de este partido, de forma que las piscinas de Lille hoy tienen horarios separados para hombres y mujeres, sean orientales u occidentales, que ya no pueden bañarse juntos por exigencia de la Sharia.

En España hay 1,3 millones de musulmanes y de entre ellos ha surgido el PRUNE, que, curiosamente, habla de la Unión de España. Reconoce que luchará por lograr sus objetivos "desde la consideración del Islam como fuente de dichos principios", esto es, "tendrá en cuenta el Islam en su actuación política, considerándolo como factor determinante para la regeneración moral y ética de la sociedad española". Y mientras todo ello se cuece en Asturias, en Granada, en Cataluña con los Nuevos Catalanes, mientras se anuncia por sus dirigentes que pretenden la imposición de la Sharia como norma suprema de gobierno, nuestros gobernantes acometen que los niños españoles ya sean expertos desde los diez años en el mundo del sexo; que conozcan todas las formas, los modos, los géneros, los sistemas, los placeres y demás sentimientos físicos y fisiológicos que adornan al ser humano. El oriental va a la búsqueda de la implantación de la Sharia, mientras los occidentales caminan hacia la imposición de una nueva religión, un nuevo dogma, la ideología de género, sin traba alguna. Imposición y sanción al más puro estilo nazi; si no acatas, la pagas. Ya no se trata de que sea bueno o malo, sino de que unos lo quieren y los otros deben aceptarlo aplaudiendo incluso con las orejas. Poco importa que a un niño de nueve años, compañeros, también menores, lo hayan violado hace escasos semanas. Puntualizada la noticia, ha caído sobre ella el silencio más absoluto, sin que nadie, ni padres, ni profesores, ni defensores del menor, ni feministas, ni lobbies, hayan solicitado que se preste un solo minuto del tiempo a analizar las causas y los por qué de tal conducta. Ningún ayuntamiento ha demostrado preocupación ni apoyo. Silencio absoluto ya que no debía hablar en catalán. En contraposición, con todos los sentidos, estamos abriendo los colegios al mundo del sexo libre, no el del 68, pero el de todos con todas, todos con todos y todas con todas, y viceversa. Y, naturalmente, sin posibilidad de discutir ni de discrepar por parte profesores, asociaciones o simplemente de progenitores de la imposición tiránica. Ni muchísimo menos encontrar en ninguno de los textos legales, o no, el término “afectividad”. Sería anatema.

Esta es la sharia del político occidental, la ideología de género como razón de ser de la enseñanza y como expresión de la sapiencia política de unos hombres y mujeres que han hecho de la sexualidad, sea cual sea, el apotegma de su vida y, lo que ya es maldito, la pretenden imponer a todos los demás como dogma civil. Siempre y cuando, esos “demás” sean occidentales, naturalmente; al Mohamed esa sharia no se la implantará ningún conseller, ningún lobby, ni ninguna Irene Montero. La pregunta inmediata surge, por generación espontánea, a la búsqueda de quién o qué nos aliviará de esa política dictatorial e impositiva. Silencio.

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