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Nueva Idea de la Tercera Edad

martes 13 de marzo de 2018, 01:00h
La vida es como escalar una montaña, cuando uno empieza el asenso va con pasos firmes, chica se nos hace la montaña para escalarla, todo es vigor y fortaleza, escribe Alfonso Verduzco Pardo, y hoy me gustaría compartirlo con vosotros, porque si uno dispone de una sección en algún medio de comunicación y encuentra algo que puede interesar a sus lectores, lo mejor es compartirlo. Ésta es la etapa de nuestra adolescencia y juventud, continúa el autor que es un auténtico adulto activo. Cuando vamos hacia la mitad del camino, comenzamos a sentir las piernas pesadas pero empezamos a ver el panorama desde otros ángulos, más amplios y nos va pareciendo el paisaje más hermoso. Ésta es la etapa de la madurez de la vida. Y en la medida en que vamos llegando a la punta sentimos más fatiga, nuestros pies parecen de plomo, nuestra respiración es muy agitada, pero cuando llegamos finalmente a la cima de la montaña, disfrutamos de un hermoso panorama hacia los cuatro puntos cardinales. Ésta es la etapa que correspondería a la tercera edad. Contamos con toda la experiencia de la vida y tenemos la sabiduría de los años acumulados.

En la tercera edad, las personas perdemos vigor físico. Las energías que teníamos en las etapas anteriores se nos han menguado, es cuando la gente nos empieza a clasificar como viejos. Este concepto de viejos casi siempre viene aderezado con ideas negativas, el viejo es el inútil, el neurasténico, el conservador, el que ya no es productivo, etc. Estas ideas no permiten que los jóvenes aprovechen nuestra experiencia vivida. Los jóvenes nos ven con desdén y no aprovechan de la sabiduría que hemos acumulado. Ellos nos consideran decrépitos e impedidos de una u otra manera.

Todos comprendemos que la vida es como las etapas de escalar la montaña; la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la tercera edad. Creo que esto necesita algunos distingos. El hombre que se va haciendo mayor o enfermo, no tiene por qué ser excluido de sus obligaciones diarias, no hay por qué considerarlo improductivo.

Ciertamente los hombres, cuando llegamos a la tercera edad, ya no estamos aptos para ser empleados en empresas que requieren más a un joven que a un viejo, sin embargo nadie desconoce que los viejos son un valor que debe conservarse, pues son los que forman el criterio en sus familias, en sus grupos de amistades y en la misma sociedad. Son ellos los que se han relacionado con diversos grupos humanos y con diversas generaciones. Son los que se han descollado en el ejercicio de diversas artes, como grandes literatos, poetas, pintores; los más valiosos en estas áreas están calificados en el rango de los más viejos.

Cuando una persona siente que sus fuerzas van menguando, que el vigor ya no es el mismo que en años anteriores, es natural que comience a alarmarse por su falta de energía, esto puede hacer que su trabajo ya no rinda lo mismo.

Esto debe persuadirnos de que estamos viviendo como escalando una montaña, por etapas, no podemos negarlo, y que en cada etapa tenemos que afrontar una serie de dificultades. El problema está en que, cuando caemos en la cuenta de que no rendimos como antes, se sufre un cambio, en el que se resigna y se siente impulsado a trabajar, o bien se busca utilizar mejores medios para sobreponerse a esta situación. La tercera edad es un momento crucial en el que o se asume constructivamente nuestras limitaciones o nos dejamos vencer.

Prof. José Carlos Gª Fajardo, como amanuense.
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